• Por Eduardo “Pipó” Dios
  • Columnista

El necio se niega a ver la realidad, vive convencido de que lo que hace es lo correcto y solo escucha a aquellos que le dan la razón. Sabe perfectamente, en el fondo, que a los que desoye dicen la verdad o están en lo correcto, y que esos que lo aplauden lo hacen por adulones o por perversidad porque esa necedad es funcional a sus propios planes.

El presidente Abdo es un necio fervoroso, no escucha a nadie que lo contradiga. Más bien, escucha pero no da bola. No acepta, aunque ponga cara de que te escucha y es manso, que nadie le diga qué hacer. Una necedad alentada por resentimientos personales. Combinación explosiva.

Tuvo la suerte, coyuntural, de ser funcional a los enemigos de Cartes en su momento, necesitaban alguien que lo derrotara electoralmente en sus internas y de esa galería de viejos impresentables, sospechosos y culpables de siempre, él era uno de los pocos más o menos en condiciones para vencer al poderoso HC y su candidato estrella. Había que apelar a la ignorancia de gran parte del electorado colorado para convencerlo de que este muchacho de pocas luces y escasa preparación era mejor que Peña, por el solo hecho de ser colorado de cuna e hijo de don Mario.

A los anticartistas les salió bien la jugada. Luego los Añetete vieron que si no iban a Cartes, Efraín se quedaba con el botín. Aprendida la lección por varios de ellos que ya le habían entregado el poder a la oposición en el 2008 a cambio de promesas del obispo ladino, que luego se las mandó a guardar, fueron a pedir auxilio a la calle España, una de las tantas veces que fueron ahí. Últimamente esa casona de HC parecería más el Emergencias Médicas de la ANR que una casa.

Cartes cayó en la trampa de Marito, confió y este le dio la puñalada apenas pudo. Volvió a los brazos de sus amigos y cómplices del PDP, Petta y demás joyitas autóctonas. Con una colección de impresentables formó su primer gabinete y llenó de más impresentables los demás cargos. No respetó pactos ni lealtades, simplemente hizo añicos la frágil unidad de su partido, pensando en un estúpido “divide y vencerás”. Algo que solo uno necio y novato en política puede creer.

Y en escaso tiempo se estrelló, un barco sin rumbo, sin capitán, con marineros corruptos y llenos de planes propios a los que poco les importaba y les importa Marito y mucho menos el país o, en el caso de algunos de ellos, colorados, su partido.

Pero el tipo no aprende, apenas puede saca a relucir su necedad y su torpeza, y vuelve a caer en las trampas de sus supuestos aliados. Esos aliados que lo único que añoran es su fracaso y hacerse con el poder en el 2023 o de ser posible antes.

Con Mario Abdo y su actitud la caída del Partido Colorado en el 2023 es altamente probable, él no lo ve venir... ¿y su entorno? Algunos sí, otros no y los primeros difícilmente puedan convencerlo de que está muy errado.