- Por Eduardo “Pipó” Dios
- columnista
En nuestro país hay cosas que de repente nos exasperan, cosas que suceden y no deberían suceder. Cosas que son previsibles o solucionables simplemente con buena voluntad, ingenio y sobre todo sentido de responsabilidad.
El caso del dengue es una serie de estupideces humanas, torpezas de autoridades sanitarias, dejadez y corrupción de las autoridades municipales y la colaboración de una gran cantidad de ciudadanos irresponsables, ignorantes y con nula empatía por los demás.
Si en el caso del dengue cada uno de estos actores hiciera medianamente bien las cosas, el dengue sería una enfermedad más y no la pandemia catastrófica que se lleva la salud, la vida y las monstruosas cantidades de dinero público y privado.
Así también nos enteramos de que el problema de la casi desaparición de una de nuestras más preciadas bellezas naturales, bueno, ponele que históricamente hablando por que hace décadas que está en estado calamitoso, es también culpa de que los del MOPC no tenían ganas de hacerle caso a los del Ministerio del Ambiente y hicieron lo que se les cantó. Resultado, plata al pedo y el lago cada día más seco. Pero sumémosle la mierda que tiran las cloacas y las fábricas al agua, el aceite y el combustible derramados por los motores de los “deportistas” náuticos y tenemos ese caldo asqueroso lleno de algas digno de una película de terror. Todos haciendo todo mal, a nadie le importa un cuerno.
El tercer caso que voy a citar, de los cientos que conocemos, es bastante diferente, pero refleja la misma negligencia y dejadez, el mismo “qué me importa” del que hablamos. Los dólares marcados que nadie acepta. No hay un maldito documento que diga que la serie tal, que la marquita tal, que la manchita aquella, haga que el billete no valga o valga menos. Es más, la legislación americana exige solo el 51% del billete y que el número de serie esté completo. Pero acá no, acá “la serie B”, “ah no.. esa no por que, una vez, en Groenlandia, un chino rojo falsificó 5.000 dólares en billetes serie B y no, no le podemos aceptar señor”, o la marquita, o el sellito en forma de triángulo, o la inscripción en birome que dice “lino 98” o está muy arrugado, o la foto de Franklin es la del modelo viejo. Pero eso sí… acá al lado en la vereda el bondadoso cambista le va a comprar a G. 3.500.
Las casas de cambio argumentan, con razón, que los bancos no les aceptan billetes así, los bancos no se qué argumentan, la gente putea, ¿y el Banco Central?, bien gracias, rascándose las que sabemos, mirándola pasar, sacando alguna circular a la fuerza que no sirve para nada. Lo que debería hacer el bendito BCP, o más bien sus autoridades, es habilitar que se reciban, en la misma ventanilla donde reciben moneda nacional vencida o dañada, los dólares en cuestión y cambiarlos al cambio del día o por billetes sin ninguna marca. Pero no… no es su problema, jodámonos, ellos están para cosas más importantes, no para trabajar por la gente.
Y así nos va y nos seguirá yendo, nadie se hace responsable de nada, todos mirando y esperando que alguien haga algo, tranquiiiilos…

