- Por Augusto dos Santos
- Analista
- @Augusto2s
Los paraguayos inventamos una forma de cuidarnos del dengue: la minga ambiental y se desarrolla en 3 pasos.
Primer paso:
Durante un año ensuciamos todo lo que se pueda; los municipios no limpian ni educan un pomo, los gobiernos ni se interesan en el concepto. Las ciudades acumulan la mayor cantidad de focos de propagación posible.
Segundo paso:
Consiste en que una vez que la ciudad esté suficientemente sucia para que los vectores puedan procrearse se empieza la etapa de instalación de la enfermedad del dengue con total libertad. La ceremonia en esta etapa es estadística. Llamarán a frecuentes conferencias de prensa solo para contar cómo va evolucionando la propagación.
Tercer paso:
Es cuando las autoridades nacionales y municipales, allá en la segunda semana de enero salen a convocar a las famosas mingas ambientales. Un enorme figureteo que ellos mismos saben que no tendrá otro efecto que la sensación mediática de alguna tranquilidad. Lo que tampoco ocurrirá porque la gente no come vidrio, y lo que ve es que sus vecinos (y ella misma) se siguen enfermando.
En el Paraguay existe una primerísima responsabilidad de las autoridades nacionales y municipales incapaces de generar políticas públicas para sostener a las ciudades limpias. De la Fiscalía y la justicia porque son ineptos para generar sanciones, y de nosotros los ciudadanos porque jamás aprendimos las lecciones más básicas sobre nuestra pertenencia a una esfera pública por lo cual –en materia medio ambiental– nuestros pecados terminan llevando al vecino al infierno.
Lo que hacemos hoy con todo el circo que desplegamos una vez que las ciudades se convirtieron en criaderos de los vectores confirma que no solo convivimos resignados con el dengue sino con la estupidez.
Ojalá un día despertemos. Que acabe el show inocuo y empiece lo mínimo que sucede en los países del mundo donde el dengue no existe: seriedad.