El dengue, un clásico ya de este país, llegó. Se viene anunciando hace un año por ahí, pero ahora recién estamos todos desesperados por los baldíos, las gomerías, los cementerios, la pileta de mi vecino y el taller que tiene las chatarras en la vereda desde la revolución de 1947.

Digo todos, pero realmente es casi todos, hay un “selecto” grupo de cretinos compuesto por los dueños de los baldíos en cuestión los que siguen poniendo el florerito con agua en la tumba de la tía Ñeca, los de la gomería, el vecino puerco que no limpia la pileta por que no usa “luego nadie” o se rajó hace 4 años y no tiene plata para arreglar, el del taller que “guarda” ese Brasilia 1978 destrozado que va a ser de colección pronto y los constitucionafílicos legalistas que prefieren a que nos muramos todos de dengue, incluidos ellos y sus familias, con tal de garantizar el libre derecho a que mi patio sea una mezcla de la selva de Borneo y Cateura en un mal día.

“No voy a permitir que Senepa entre a mi patio sin orden judicial”, escribía un espécimen de estos a la radio el otro día, reivindicando su sagrado derecho a la propiedad privada, exigiendo a la vez una orden judicial.

Estos mismos cretinos son los que primero chillan frases como “país de puercos”, “el Estado no cumple con su trabajo” y la “justicia es lenta”.

Primero el puerco principal es el mismo. El Estado, si bien es cierto es ultra deficiente en su trabajo, cuenta con estos mononeuronales para hacerles más difícil aún cumplir y la Justicia tiene que ocuparse en generar órdenes de allanamiento para que nuestro “prócer” permita que Senepa entre en su sacro imperio domiciliario.

Sumémosle a nuestra triste historia denguística al descubridor de curas milagrosas y sus publicistas redsocialeros.

Las autoridades de Salud y el gremio médico advierten en todos los idiomas, dialectos, lenguajes de señas, dibujitos, etc., que ante los síntomas de dengue, hay que ir al médico y que este lo medique para aplacar los síntomas con Paracetamol, nada más que Paracetamol. NADA. Más claro imposible. Pero no... aparecen los científicos frustrados, que en su lucha denonada contra los “carteles farmacéuticos” y la conspiración judeomasonicaliberofrancocomunistaateavaticanareptilianacartomarioabdistafascistoide van descubriendo curas milagrosas. Jugos de cosas inverosímiles, orín de ciertos animales o personas mezclados con betún de Kuwait, lavandina de uso industrial con jugo de piña verde, aloe vera con aceite de transformador quemado de la Ande y cosas así de serias y responsables había sido que le curaron el dengue al tío Poroto en cuestión de minutos y de paso le solucionaron su impotencia, le curaron el sida y le mejoraron la calificación crediticia en el banco. Una locura y paso siguiente suben el teléfono del gurú que lo elabora por un 50.000 el frasquito en su casita en Fernando Zona Sur (por 75 te manda a tu casa con un sobrino uber).

En fin. En medio de todo la gente se enferma alrededor nuestro, algunos se mueren, otros gracias a Dios y los médicos zafan y es simplemente seguir insistiendo en ser más conscientes, en ser obsesivamente cuidadosos con la limpieza de nuestras casas, de nuestros barrios, de no esperar que el Estado haga todo, sino en ponerse las pilas, usar mucho repelente, ahogarnos en ese olor a espiral tan siglo XX y cuidarnos.

No queda otra. De paso, a su amigo/a del Whatsapp que envía boludeces mandelo/a bien a la mierda, a ver si en una de esas se le cura lo pelotudo/a, cosa difícil, mas no imposible.