- Por Augusto dos Santos
- Analista
- @Augusto2s
La sociedad paraguaya y particularmente algunos sectores de la política están atravesando por un momento mágico al que no le falta el hada de Disney tocando con su varita una burbuja que explota en mil colores: se trata del descubrimiento del funcionamiento de unidades del FBI y la CIA operando en nuestro país. Ya dan ganas de contar que para tomar un tereré necesitamos yerba, capaz también es una novedad y uno nomás pensaba que todos sabían.
Las embajadas de todos los países en general sirven para esto: para establecer o fortalecer lazos comerciales, para representar diplomáticamente a su nación ante el país sede y los organismos multinacionales que allí residan; para espiar a las naciones con las que existen tensiones comerciales, armadas, territoriales, culturales, incluso, marcarias, etc., etc., para que las autoridades del país respectivo sean recibidos en los aeropuertos por alguien de la embajada, y para que el embajador y su esposa asista a recepciones, cuantas más mejor; en ese orden de importancia, salvo que al embajador le gusten demasiado las recepciones y las priorice.
Por lo tanto, es de un infantilismo estúpido descubrir que las naciones espían a otras mediante sus legaciones diplomáticas, es un momento eureka irremediablemente parvulario.
En realidad, lo único que uno lamenta es que el calentamiento de la guerra fría hizo que algunas cuestiones casi románticas fueran declaradas en desfase. Ahora, por ejemplo, ya no se llaman espías, sino asesores de seguridad. (Dicho sea de paso deberían reponer “The Americans” en Netflix, ya). También es muy tonto atribuir la exclusividad de estas artes a los Estados Unidos. En el Paraguay cualquier embajada extranjera que cuente con una misión de defensa (Argentina, Brasil, etc., etc.) producen dos acciones: planean estrategias de defensa fronteriza y recogen información. Es más, muchachos, también lo hacemos nosotros.
Cualquier cena o almuerzo o un ron con habanos entre diplomáticos y peor aun entre un diplomático y un político o funcionario no diplomático o un empresario es una pulseada de recolección de información. En resumen, mi amor, espionaje internacional es lo que ocurre todos los días en varios sitios simultáneos de tu ciudad mientras vos creés que lo más importante que está pasando es que Blas Llano está contando un chiste en el Senado. Y lo mismo está pasando en Oslo, en Berna, en New Jersey y en Buenos Aires.
O para qué creés que son los agregados militares y policiales en las embajadas de los países. No me digas que estabas pensando que eran encargados de, unos, guardiar los límites de la embajada y otros que adentro de la embajada no se produzcan moquetes. Unos países son más eficientes que otros en virtud a la capacidad que tuvo uno u otro de formar a sus hombres en las artes de recoger información en países extranjeros.
Naturalmente no hay mucho que esperar de Paraguay porque la motivación central de el agregadurismo militar y policial fue más bien siempre el amiguismo antes que la capacidad técnica.
Dicho esto, es obvio que países centrales y líderes mundiales como Estados Unidos, China, Rusia, Brasil, tienen potencial para desarrollar investigaciones ya sea en el marco legal de sus misiones diplomáticas, ya sea en el campo fáctico del espionaje, tienen todo para hacerlo. Hay academias que trabajan solamente esas artes y no son personas que andan con una lupa mirando por las esquinas, sino gente normal que te invita a comer, o a jugar tenis, o a tener sexo. Aquí nomás la Policía Nacional sigue confiando en los kiosqueros la recolección de información. (Con todo respeto a los kiosqueros).
En cuanto a la legalidad de tales acciones, mientras las bibliotecas jurídicas cuestionan los métodos de un proceso de recolección de información por la vía fáctica del espionaje también sabemos que no existen contenciones legales que puedan “pulsear” con la fuerza de la evidencia que pudieran obtenerse. Eso ha sucedido siempre, principalmente desde que el fenómeno de la www ha instalado en la civilización esa nueva oportunidad de descubrir cosas que se dio en llamar mediáticamente “filtración”. Julian Assange atentó contra los procedimientos, pero, ¿alguien duda de la veracidad de su destape?
Por ello, lo que ocurrió en la semana, al respecto de “la foto de familia” de los agentes del FBI y las autoridades nacionales no debe analizarse desde otro lugar que desde el gesto político. Hay un mensaje que el Gobierno de los Estados Unidos quiso dejar y lo dejó con prolijidad y contundencia.
Finalmente, los análisis de soberanía huelen a rancio en este marco, en todo caso lo que tiene que hacer la Justicia paraguaya es actuar “soberanamente” sin pérdidas de tiempo.

