• Por Carlos Mariano Nin
  • MBA
  • jzaratelazaro@gmail.com

Una calle cualquiera de un día cualquiera. El colectivo se detiene en el semáforo en esos segundos eternos que juegan con la imaginación como si se tratase de las páginas de un libro.

En ese tiempo tan fugaz como interminable se cruzan cientos de historias. Es un reflejo de la vida que comienza y termina con el cambio de luces, y se repite en el tiempo y en la rutina como si se tratase del final de un nuevo comienzo.

Jabones, cargador de celulares, sopa paraguaya, jugo, gaseosas, agua y alfileres, forman parte de ese supermercado en movimiento que te lleva a la ventanilla del micro desde lo necesario a lo inverosímil, que vas a terminar comprando de acuerdo a la cara o la facilidad del vendedor que hará imprescindible eso que nunca vas a usar.

Niños, jóvenes, mujeres y adultos mayores libran una guerra cotidiana para llevar el pan a la mesa.

Esta semana se daba a conocer el último informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, titulado Panorama social de América Latina.

Sus resultados revelan que la protección social en Paraguay (en especial programas de transferencia condicionada y pensiones no contributivas) permitió el alza de los ingresos de las familias y ayudó a combatir la pobreza, pero que aún no se llega ni al 10% del PIB en materia de gasto social, lo cual es todavía una falencia (el promedio en América del Sur es 13,2%).

La Cepal detalla, además, que dentro de los tres grandes estratos de la población, según ingreso per cápita, casi el 27% de la población paraguaya está en el estrato “bajo no pobre” (sector mayoritario), casi el 24% en el estrato “medio bajo” y 20,2% en el “medio intermedio”, que son los subestratos con más cantidad de personas. En la extrema pobreza, se ubica el 6% de la población.

Pero hay más.

La última Encuesta de Hogares revela que hay casi dos millones de personas en situación de pobreza y de estos, casi la mitad, no cuenta con ingresos para adquirir una canasta básica de alimentos.

Pero volvamos a esa calle cualquiera de ese día cualquiera.

Mezclados con ese ejército de vendedores informales cientos de jóvenes sin futuro recorren la fila de vehículos limpiando a la fuerza parabrisas, recibiendo insultos y alguna que otra esquiva moneda.

Forman parte de esos 260 mil jóvenes de entre 15 y 30 años de edad que no estudian ni trabajan, y son parte de un problema que amenaza la productividad y el crecimiento económico a largo plazo de los países, según advierten organismos internacionales.

Y entre toda esa gente resaltan esos artistas del arte urbano, que por unos segundos logran concentrar tu atención con extraordinarios juegos que desafían las leyes escritas de las cosas imposibles.

Pero al llegar la noche muchos no tendrán que comer, o como pagar el alquiler.

Las cifras están también a tu alcance para que puedas dimensionar un gigantesco problema que es casi invisible para nuestras autoridades.

Paraguay ocupa el último puesto en desigualdad teniendo en cuenta a sus socios del Mercosur, ubicándose en el puesto 98 de 189 países de todo el mundo, según el último reporte sobre el Índice de Desarrollo Humano del Programa para el Desarrollo de las Naciones Unidas 2019, publicado esta semana.

Vuelven a cambiar las luces del semáforo y esas personas desaparecen. La vida sigue y cada uno va tras sus prioridades.

Las estadísticas son la ciencia que nos permite dimensionar las abismales distancias que nos separan como sociedad. El colectivo sigue, pero la historia va a repetirse en el próximo semáforo…Donde volveremos a ver los rostros de los números, esos números esquivos que nos desnudan la realidad.

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