• Por Carlos Mariano Nin
  • Columnista

Son las tres de la mañana, Fabián pide otra cerveza mientras Alejandra se plaguea porque es tarde y mañana tiene que rendir. Le faltan un par de materias y será abogada. En la misma mesa Pedro y Javier siguen con la fiesta como si fuese la última noche. Piden otra ronda mientras bailan y cantan eufóricos. Son todos estudiantes de Derecho en su despedida del año.

Del otro lado de la ciudad Javier está cerrando su caja. Trabaja en una bodega, irónicamente no toma, le toca despachar y cobrar. 12 horas al día que nunca terminan cuando las ganas de llegar a casa sobrepasan al sacrificio. Lo espera su mujer y sus dos hijos. Generalmente llega cansado, pero sabe que la felicidad está allí, en ese momento en que puede abrazar a su familia.

Se compró un auto chileno al que cuida como un niño cuida a su juguete preferido.

Fabián ya cambió su humor. El cansancio y el alcohol le pasan factura. Trabaja en un banco mientras sigue sus estudios, es de una familia acomodada. Vino a la fiesta en la camioneta de su padre y con él, Alejandra.

El ruido de la música es ensordecedor. Alejandra le pide que no maneje, sabe que tomó unas copas de más, pero Fabián insiste. Asegura que está bien y que va a manejar despacio. Pedro y Javier están destruidos pero incitan a Fabián con la famosa frase: “borracho maneja mejor”.

Es el momento en que la alegría y la excitación se juntan con las ganas de llegar a casa para descansar un par de horas y luego, al trabajo.

Casi a la misma hora Javier cierra el negocio, enciende el auto y suspira. A veces el cansancio tiene cara de niños.

Según las estadísticas de la Organización Mundial de la Salud, la principal causa de muerte de las personas de 19 a 35 años

en nuestro país no está relacionada a enfermedades, sino a los accidentes de tránsito.

Según los datos correspondientes al 2016, pero publicados en diciembre del 2018, Paraguay es el 6º país a nivel regional con más muertos a causa de los siniestros viales, con una tasa de 22,7 muertes por cada 100.000 habitantes.

Fabián sube el volumen de la radio mientras Alejandra revisa el celular. Pedro y Javier cantan desbordados, mientras ríen a carcajadas.

Nadie se dio cuenta de que venían a una velocidad criminal. Algunos testigos dijeron que el chofer esquivo un bache…

Según el World Economic Forum, Paraguay cuenta con la segunda peor infraestructura vial de A. Latina y el Caribe, detrás de Haití, un país asolado por desastres naturales y conflictos internos.

El choque fue tal que los forenses especularon que todos murieron en el acto. No hubo tiempo de reaccionar. No hubo manera de esquivar el impacto. No hubo forma de evitar la tragedia.

El auto de Javier quedó hecho un amasijo de hierros retorcidos. Nunca vio venir la tragedia.

La camioneta dio un par de vueltas y se estrelló contra una columna que cayó como un misil sobre el vehículo. Los bomberos llegaron a prisa solo para descubrir una imagen desoladora de destrucción y muerte.

Jóvenes con un futuro, un hombre que salía a pelearla cada día, van a dejar un doloroso manto de luto a familias destrozadas por un instante donde se mezcló irresponsabilidad y desidia.

Cada 8 horas muere una persona a raíz de los sucesos viales en Paraguay. Estos fallecimientos alcanzan 1.200 al año, 92 defunciones en un mes y 23 en la semana.

El accidente es la punta del iceberg.

Los accidentes también golpean a nuestra economía.

Los costos directos atribuibles a la atención de pacientes traumatizados van de 682 dólares a 780 dólares por día por paciente. Esto, en promedio, representa G. 300 millones, cifra que contempla el ingreso a terapia.

La historia y sus protagonistas son ficticios, pero cambiando los nombres y las características son situaciones que se repiten irremediablemente a lo largo de todo el país.

La Agencia Nacional de Tránsito y Seguridad Vial contabiliza un promedio de 40.000 personas accidentadas por año, de las cuales 52% corresponde a motociclistas que totalizan 400 fallecidos por año y de estos, 40 jóvenes de 15 a 35 años que quedan en estado vegetativo.

Irresponsabilidad sobre autos y motos, alcohol y malísima infraestructura pueden convertir la fiesta en una tragedia.

Estos son días en los que vivimos apurados, estresados y con enormes ganas de llegar a casa. Son también de reflexión. Algunas cosas solo van a cambiar con un compromiso serio de las autoridades que ponga fin a la corrupción que tiñe de impunidad los trabajos mal realizados en rutas, avenidas y calles. El resto es tuyo. Es tu compromiso de asumir la responsabilidad de conducir pensando en los demás y en tu familia…

Y hoy es el día, una decisión lo puede cambiar todo.

Pero esa es otra historia…