En ocho días más Argentina tendrá un nuevo presidente. Mauricio Macri ya fue. Se iniciará el tiempo de Alberto Fernández acompañado de Cristina Fernández, ex presidenta entre el 2007 y el 2015. Sin embargo, y pese a que falta muy poco para la asunción de ambos, muy poco se sabe sobre lo que vendrá. Alberto recién el venidero viernes 6 dará a conocer la integración de su gabinete. ¿Informará cuáles serán los perfiles de su gestión?

Argentina se encamina hacia un nuevo default. “Vamos a pagar [la deuda pública] el día que hayamos crecido, hayamos producido más y hayamos exportado más y hayamos conseguido los dólares con los que tengamos que pagar nuestras deudas. Así va a ser esta vez”, anunció Alberto F. en la convención anual de la Unión Industrial Argentina (UIA). “No vamos a dejar que las obligaciones externas, que son muchas, y que han sido acordadas de un modo delirante (…) se lleve puesta a la industria, al trabajo y genere más pobreza y desocupación”, agregó enfáticamente. Eufemístico: tengo voluntad de pago, pero no tengo plata.

El Gobierno que viene deberá definir prioridades. Los aumentos dispuestos por ley para jubilados, pensionados, planes sociales, salarios de los trabajadores estatales, están en duda. El nivel del gasto público bajo la lupa.

Las relaciones con los sindicatos y las centrales de trabajadores

–no todas peronistas– es otro nudo gordiano íntimamente vinculado con los decaídos niveles en los que se encuentra el consumo. Las ventas cayeron en todos los rubros y, con ellas, los niveles de producción. ¿Qué hará el mandatario en ciernes para “poner plata en el bolsillo de la gente” como lo prometió en su campaña?

¿Cuál será la política exterior? En el Mercosur, el presidente tendrá que compartir decisiones con homólogos centroderechistas en Brasil, Paraguay y Uruguay, desde marzo próximo, cuando asuma Luis Alberto Lacalle Pou. En Chile, aunque debilitada, gobierna la derecha. En Bolivia, el panorama tampoco se presenta sencillo. Ya electo, Alberto F. viajó a La Paz y a Montevideo para apoyar las candidaturas de los candidatos que, finalmente, fueron derrotados. La situación regional se presenta complicada. El analista Francisco Olivera en el diario La Nación de esta ciudad revela que el mandatario, también en la UIA, confidenció. “Algunos dicen: ‘Vos tenés un problema, Alberto, porque estás rodeado de presidentes de la derecha y el continente se ha derechizado’”, dijo el elegido, quien negó que fuera un problema porque “el reclamo de Chile es un reclamo progresista. El reclamo de Colombia es un reclamo progresista. El reclamo de Ecuador es un reclamo progresista. El reclamo de Bolivia, más allá del golpe espantoso y vergonzoso que la OEA aprobó, es un reclamo progresista”. Cada uno de esos jefes de Estado cuestionados tienen legalidad y legitimidad de origen. Sin embargo, sus pueblos reclaman con vehemencia y, en algunos casos, con violencia. La desesperanza no es progresista ni conservadora. No es tiempo lo que sobra. El director del Observatorio de Política Internacional de la Universidad de Palermo (UP) de Buenos Aires, Marcelo Cantelmi, apunta en Clarín que “la Cepal destaca un aumento empinado de la pobreza sobre casi un tercio de la población de América Latina y el Caribe de 620 millones. Alerta sobre un crecimiento geométrico del segmento con menos capacidad para afrontar sus gastos básicos. Es esa contradicción la que le da sentido a la furia callejera”. Argentina, Uruguay, Paraguay y Brasil aparecen como excepciones. La ciudadanía en Irán, Líbano, Francia, Hong Kong también reclama con energía. Quieren dejar de ser ignorados. Millones de Arthur Fleck –el atormentado personaje que compone Joaquin Phoenix en “The Jocker”– transhuman frustrados en la aldea global. La rebelión de los guasones está a la vuelta de la esquina. “That’s life, Mr. President” (Así es la vida, señor Presidente).