• Por Augusto dos Santos
  • Analista

En mi pueblo, en los 70, en el mejor momento de su fábrica textil, se estacionaban en cada turno frente a la industria unas 1.000 bicicletas. Había cuatro turnos. La ciudad se movía sobre bicicletas. El párroco, el obrero y el dueño de la fábrica de tejidos se movían sobre dos ruedas. A ciertas horas era imposible el tránsito automotor en Pilar porque sus calles tenían prioridad para las bicicletas a la hora en que salían los trabajadores de la fábrica.

Surgieron dos ideas, casi en simultáneo. La del bueno del carpintero Chachano que inventó entonces la bicicleta de madera como una innovación económica y la del P. Federico, quien trajo una industria de bicicletas. La bicicleta de madera nunca funcionó. Pero tampoco funcionó a la larga, la fábrica de bicicletas. La madera resultaba pesada e imposible de competir con el liviano tubo de aluminio de las viejas bicicletas clásicas en las arenosas calles de Pilar. Y la fábrica no podía competir con la oferta que llegaba de Asunción y las bicicletas repartidoras que venían de contrabando de la Argentina, que eran sencillamente insuperables por su consistencia y calidad.

En rigor, la urgencia de la demanda no justifica provisoriedad de las ofertas, ni en el comercio, ni en la política. Esto funciona así en TNT, en la vida y en la política mientras nosotros, los comunicadores, relatamos lo que ocurre en el escenario y creemos que eso es lo que definirá la historia del universo, definitivamente lo que produce el cambio es esa intrincada red de interacciones entre la ocurrencia visible, los factores externos, el contexto, los intereses y la buena o mala lectura del futuro.

LA FRAGILIDAD DE LA URGENCIA

La tendencia a construir escenarios en base a elementos tan rudimentarios como “lo que ocurre hoy” priva al análisis político de esta aldea, de factores imposibles de ser desvinculados. (Afortunadamente gran parte de la clase política abandonó este comentario en el párrafo anterior por la imposibilidad de comprender la significación de los planos y porque no estoy diciendo que fulano es puto o que zutano es un desgraciado. Pero sigamos nosotros).

Si nosotros juzgamos lo que va a pasar con el Sr. Paraguayo Cubas por los dos polos recurrentes: es un violento y es un peligro para la República, o, que es un redentor que viene a poner orden en un estanque de pirañas corruptas e insaciables; no estaríamos sino repitiendo el error de la bicicleta de madera. Es imposible analizar el futuro Cubas en base a lo que cada vereda cree que es él y por sobre todo, por lo que el trataba de significar con su actuación en los espacios públicos.

EL SHOW ES APENAS LA SUPERFICIE

Primero y principal, la política es una escenificación. Lo fue siempre. Si no fuera así jamás se hubiera matrimoniado con la comunicación, que fue lo que pasó cuando el primer ser humano subió a un sitio más alto que el resto de los presentes a trasmitir un mensaje. Consecuentemente, la viabilidad del liderazgo Cubas es una ecuación entre la potencia de su escenificación y la pertinencia de su mensaje.

Allí es donde inventamos la segunda bicicleta de madera cuando tratamos de encontrar una prioridad ideológica en el plan de Paraguayo Cubas. Primero porque tanto él como sus asesores saben que sería una torpeza pedir pollo en un restaurante en alta mar. La decepción de los ciudadanos tiene que ver con la política, pese al esfuerzo que se hace desde la derecha para culpar a la izquierda y a la izquierda para culpar a la derecha.

Él sabe, por tanto, que la mejor escenificación es la no-política porque tiene el dato que en los últimos cinco años los ciudadanos del mundo han venido optando por dar las espaldas a las estructuras contenedoras de la política (mirá Trump) porque es un asunto mucho más tangible que el intelectual repudio contra las ideologías, ñembo Fukuyama. En síntesis: los ciudadanos de un país sin mediana educación no saben qué es una ideología, pero saben cómo funcionan –o no– los partidos políticos. (Sumar a ello el extravío ideológico de los partidos también).

AIPO ANTISISTEMA

Parece un sitio demasiado remanido, pero queda obvio que el camino más cómodo para el “Payismo” es el antisistema. Un sociólogo colombiano nos dijo una vez: Las organizaciones no gubernamentales son el invento más fantástico, funcionan exitosamente sin decirnos qué son y solo con decirnos qué no son. Con ser antisistema pasa lo mismo: “Todo lo demás no funciona, yo no tengo bien claro lo que quiero, pero estoy en contra de todo lo demás que no funciona, a lo cual le agrego pasión por la justicia social, crítica a la historia y ‘apocaliptiquización’ del destino de los malos”. Es más redondo que una “balita” que usábamos de punto porque era perfecta.

El antisistema, a su vez, desconcierta a los profetas de la izquierda que demoran mucho más tiempo en comunicar estos mismos paradigmas y han demostrado absoluta proclividad a repetir los errores que criticaban: corrupción y longevidad en el poder.

PERO…

Pero el Sr. Cubas y sus antisistémicos tendrán un escenario un poco más difícil en el Paraguay que en otras experiencias. Hay un elemento que en positivo y en antivalor tiene un mismo nombre que define la relación del Estado con sus ciudadanos: la contención. Al menos en la idea del “estado social de derecho”, que plantea la Constitución Nacional, el ciudadano, inserto en la construcción –aun la más liberal– de sus instituciones debe estar amparado por resortes de protección social. Pero fíjense qué curioso: existe una aberración que hace lo mismo para una porción importante de paraguayos: el clientelismo de los partidos políticos. Obviamente con métodos cuestionables, tocando el bolsillo de todos, etc., etc.

Cualquier experiencia antisistema tiene dos enemigos posibles: a) que el sistema funcione bien (democracia, economía, justicia social) o que, b) la perversidad de un estado clientelar funcione aún mejor y tenga más fuerza que la expresión de insatisfacción. Ambos son los enemigos del antisistema.

No es un descuido que Cubas putee contra 7 millones de paraguayos. Al “antisistematismo paraguayo” no le queda otra que apuntar contra el matrimonio de hierro entre los paraguayos y sus partidos contenedores.