Por Pablo Alfredo Herken Krauer
Analista de la economía
Email: pherken@gmail.com
En diez meses del 2019 la inversión pública del Gobierno sumó 801,7 millones de dólares con un incremento del 33% con respecto a los 603,7 millones de dólares logrados en igual período del 2018; es decir, una diferencia positiva de 198 millones de dólares. El objetivo de Hacienda es lograr una inversión final de 951 millones de dólares.
Este repunte de las inversiones ha sido fundamental para a partir de julio pasado volver a crecer mensualmente dejando atrás 7 meses consecutivos de caída económica (desde diciembre del 2018) y la correspondiente fea recesión en el primer semestre del corriente año. También en 10 meses del 2019 el déficit fiscal sumó -584 millones de dólares equivalente al -1,5% del tamaño de la economía paraguaya o Producto Interno Bruto (PIB), contra -182 millones de dólares en los mismos diez meses del 2018 o -0,4% del PIB, con un aumento de -402 millones de dólares o suba del 222%. Pero si se toma el déficit fiscal anualizado (12 meses móviles acumulados) el saldo rojo suma 890,7 millones de dólares o -2,3% del PIB.
Es en este contexto o escenario que Hacienda solicitó en el Congreso la suba del tope del déficit fiscal al 3% para el presente ejercicio fiscal en ejecución del 2019 (y lo consiguió), no para el déficit fiscal en el proyecto de presupuesto fiscal 2020 aún en estudio en el Parlamento, como muchos confunden. Ese 3% de déficit fiscal como tope significaría de concretarse un agujero fiscal de -1.162 millones de dólares contra -525 millones de dólares de déficit fiscal registrado en el 2018 o -1,3% del PIB. Pero Hacienda proyecta “solamente” un déficit fiscal al cierre de este año de -968 millones de dólares o -2,5% del PIB.
En pocas palabras, Hacienda ha buscado mayor inversión en obras públicas para finalizar con más dinamismo económico el 2019 y fortalecer la pista para el deseado crecimiento económico en el 2020. Claro, a costa de un mayor déficit fiscal, que es igual a mayor endeudamiento. Se puede estar a favor o en contra de la decisión de Hacienda como medida de política fiscal anticíclica para coyunturalmente mover la economía con obras. Pero no se puede discutir o negar su efecto positivo en el corto plazo, que si además es saludable desde la perspectiva global del funcionamiento amplio de la economía como un todo con un manejo prudente del gasto estatal en sueldos y el necesario mejoramiento de la recaudación de impuestos, claramente ayudará a lo que nadie puede no querer: 4% de crecimiento económico en el 2020 después del estancamiento del 2019 (0,2% según el Banco Central del Paraguay (BCP), -0,5% y 0% según consultoras privadas).
El ministro de Hacienda (MH), Benigno López, se comprometió enfáticamente a volver a un déficit fiscal del -1,5% en el 2020, pero no pocos consideran que ello es prácticamente imposible. Habrá una pelea entre la disciplina y el populismo de “más obras públicas” sin importar los costos. Hay que lograr una fuerte participación de la inversión privada nacional y extranjera en la ejecución de las obras públicas que imperiosamente necesitamos. Así como un mayor respaldo al financiamiento de la inversión pública con impuestos.
Es muy peligroso agotarse en el endeudamiento para “más obras”. La indisciplina fiscal con fuerte endeudamiento es combinación peligrosa, y la fiesta de hoy puede terminar en un infierno mañana. Endeudar al país (al pueblo) por más de 160 millones de dólares para construir el puente Chaco’i/Asunción, en el que pueden invertir perfectamente los empresarios espectacularmente beneficiados con la obra (que naturalmente también beneficia al país), es una señal horrible del pago de facturas políticas, de despilfarro de valiosos recursos escasos y de descarada carga sobre las espaldas de la gente pobre de mayor endeudamiento, patético reflejo de una sociedad con grandes diferencias sociales y privilegiados de Primer Mundo, con el sello del “Puente de la Vergüenza”. Duele decirlo pero hay que decirlo. DDPHQD