- Por Juan Carlos Zárate Lázaro
- MBA
- jzaratelazaro@gmail.com
El sistema cooperativo en nuestro país adquiere cada vez mayor relevancia en lo que atañe a ahorro y crédito como a las de producción.
Hoy día cuentan con más de 1.500.000 socios, a quienes les asisten crediticiamente o a través de otros productos y servicios no crediticios.
Nuestro sistema cooperativo a nivel país participa en no menos el 20% del total del flujo de depósitos dentro del sistema financiero.
Todos los días vemos, leemos y escuchamos acerca del crecimiento exponencial en diversos rubros del emprendedurismo en nuestro país, lo cual es positivo, pues pone de resalto la capacidad innovativa y creativa para poder llevar adelante diversos tipos de negocios y en las que las cooperativas de ahorro y créditos poseen activa participación.
Los emprendedores al inicio se convierten en microempresarios, pero dependiendo del enfoque y planes estratégicos que les dan a sus proyectos a futuro podrían convertirse en pymes, un sector al que también se los debe apoyar crediticiamente a fin de apuntalar su crecimiento y expansión, pues se constituyen a nivel mundial en los mayores generadores de fuentes de trabajo y países que antes eran pobres, han basamentado su potencia económica en estas empresas.
Los montos involucrados en los créditos desembolsados por lo general no son muy elevados salvo los de tamaño corporativo, pero en menor proporción, permitiéndoles una mayor atomización de los riesgos de créditos por lo que una activa participación de las mismas en estos tipos de financiaciones serán de vital importancia para nuestro desarrollo económico y los convertirían en protagonistas activos para la formación y crecimiento de sus socios en sus respectivos emprendimientos.
Un apoyo efectivo a los que están al frente de las pymes es de suma importancia, pues en la medida en que trabajen formalmente, más personas podrán tener la posibilidad de acceder al salario mínimo legal, y a la cobertura de salud pública a través del IPS y el fisco saldrá beneficiado, pues se ensanchará en mayor medida nuestra base tributaria a nivel país.
Todas las cooperativas de tipo “A” (aquellas que poseen nivel de activos superior a G. 300.000 millones) están sujetas a calificación de riesgos, lo que les otorgan una membresía adicional y acrecientan de parte de sus socios los niveles de confianza, dado que hasta ahora no poseen fondo de garantía sobre depósitos como los bancos y las financieras.
El crecimiento y expansión cuali/cuantitativa de las cooperativas le hace bien a nuestra economía, pues permite que muchísimas personas encuentren la posibilidad potencial de cubrir necesidades de capital de trabajo e inversiones en bienes de capital.
Se constituyen hoy día en uno de los actores primarios coadyuvantes de nuestro desarrollo económico, que esperemos sigan creciendo, diversificándose y expandiéndose cada vez más a través de una oferta variada y atractiva de productos crediticios y no crediticios.
La gran mayoría de las cooperativas que operan en nuestro país cuentan con una buena estructura organizacional, lo que les permite seguir cada vez más reforzando tanto los aspectos cualitativos como cuantitativos, convirtiéndose hoy por hoy en unos muy activos competidores de las instituciones que operan en nuestro sistema financiero (bancos y financieras).
Esperemos que para el 2020 ya puedan tener en vigencia el fondo de garantía sobre depósitos, lo cual sería un espaldarazo para las mismas, pues con ello el flujo de depósitos (vista y a plazo fijo) de hecho tendrá muy buenas chances de acrecentarse en mayor magnitud pues no cabe la menor duda que las cooperativas a nivel país desde hace un tiempo se han puesto “los pantalones largos”.