• Por Felipe Goroso S.
  • Twitter: @FelipeGoroso
  • Columnista

Estamos ante una operación de enormes dimensiones. Ya no importa si alguien puede estar de acuerdo o en desacuerdo con el desbloqueo de listas o el voto electrónico. Basta que se visualicen algunos puntos que generen dudas al respecto del procedimiento a la hora de llevar a la práctica el modelo electoral aprobado, para que se pase a estar del lado oscuro de la historia. Está prohibido dudar.

La estrategia tiene como mito discursivo generar el antagonismo de manera que aquel que ose manifestar sus dudas ya es considerado “enemigo de la ciudadanía y la democracia”. No importa que sean expertos desarrolladores de software que tienen entre sus clientes a empresas gigantes con presupuesto multimillonario, no importa que sean políticos que son la muestra viva de que el sistema no sirve si se lo piensa como referencia en contra de algunos de ellos en particular, no importa que las empresas oferentes hayan tenido malas experiencias en procesos electorales llevados en otros países (los muy pocos que tienen sistemas similares al nuestro), nada importa.

Sectores acostumbrados a imponer las verdades que esgrimen como la única verdad viable e indiscutible no permiten que se dude. Plantean al desbloqueo y al voto electrónico como un dogma del cual dudar es un pecado capital. Creyendo que de esa manera las dudas van a desaparecer, sin tener en cuenta que solo logran incrementarlas. La jugada no es mala, sobre todo teniendo en cuenta que peor sería tener que responder a las dudas con respuestas concretas. Pero eso no está entre las opciones, ni por asomo.

Ahora bien; que intenten prohibir las dudas, llevando a un extremo de antagonismo que bien ejecutado suele tener mejores resultados, no significa que logren su cometido. Y con un detalle, en la política, esa mala palabra que empieza con p y termina con a, el antagonismo por sí solo ya no alcanza. Precisa –y cada vez más– ser llenado con contenido de relevancia oportuna y conveniente.