La resolución de la Dirección Nacional de Contrataciones Públicas (DNCP) de suspender todo el proceso de licitación llevado adelante por el Tribunal Superior de Justicia Electoral (TSJE), para la adquisición de 15.000 máquinas a ser utilizadas en las próximas elecciones municipales del año entrante, por un valor aproximado de US$ 23 millones, pone en jaque todo el sistema electoral y surgen negros nubarrones con respecto a las intenciones políticas de fondo.

Hay quienes ya sospechan que la idea es retrotraernos al anterior sistema de votación mediante papeletas e inclusive quienes ya alertan de que supuestamente el objetivo es dejar sin efecto la modificación de la ley electoral que permitirá a los electores votar a los candidatos de su preferencia mediante unas listas desbloqueadas.

Pero nada es tan tan, ni muy muy. De lo que se escuchó y vio hasta ahora, no se cuestiona el desbloqueo en sí, sino la plataforma electrónica que reemplazará a la tradicional papeleta para la votación y escrutinio de los sufragios. En realidad, hay razones para temer. Los pro informáticos, también tienen su razón. Es para analizar.

Al margen de las disputas personales o institucionales, la situación es delicada. No es para menos, está en juego lo más sagrado que tiene un pueblo para la elección de sus autoridades, que es el voto popular directo depositado libremente en las urnas. La transparencia y la seguridad del destino del sufragio de cada ciudadano deben estar garantizadas en todo momento, sin ninguna clase de dudas, sea cual fuere el sistema a ser utilizado.

Creo que el TSJE pecó al creer que todos estábamos consustanciados con la aplicación de un nuevo método que posibilitará el cumplimiento de la ley de desbloqueo de listas. Y no es tan así. Le faltó difusión, un buen proceso de empoderamiento masivo. Solo unos pocos en el mundo conocen cómo funcionan unas máquinas que a nivel mundial están siendo objetadas por su fácil manipulación y difícil control.

Al Paraguay le costó demasiado la construcción de la democracia en este proceso de transición, en que si algo de credibilidad existió es precisamente en la realización –una tras otra– de elecciones más o menos transparentes en su conjunto. Se dieron algunos altibajos y todo es perfectible (especialmente en las internas de los partidos tradicionales), pero en general podemos coincidir todos que los procesos electorales para las presidenciales (que incluyen a gobernadores, concejales departamentales y legisladores) y las municipales (intendentes y concejales municipales) llevados adelante en 30 años, fueron aceptables, por ende, legítimos.

A lo largo de este tiempo –a partir de 1989 en realidad, con las elecciones que ungieron a Andrés Rodríguez como presidente de la República– se han venido usando papeletas, con un sistema que en los últimos 5 años ha sido muy criticado, como lo es el método de listas sábana o listas cerradas que permitió a muchos perpetuarse en cargos de privilegio. El Congreso está lleno de personajes así. Al margen de quiénes están o no, y de los cuestionamientos del método de ubicación de nombres en las listas y sus resultados, las votaciones y el escrutinio alcanzaron –con las papeletas– un alto grado de legitimidad en las últimas dos elecciones generales.

Eso llevó al TSJE inclusive a ser felicitado a nivel internacional, alcanzando gran prestigio. Eso nadie puede discutir. Y tampoco se debe perder. En la jerga futbolística dicen siempre los que saben: Equipo que gana no se cambia. Entonces, ¿por qué cambiar un sistema de papeletas que ha venido funcionando bien y que se ha perfeccionado en los últimos 10 años? Otros dirán, y con razón, que no se podrán más usar en esta ocasión las papeletas porque o sino, para dar cumplimiento al desbloqueo de listas, el acto de votación de la gente duraría demasiado y tiempo, y ni qué decir el escrutinio. Es decir, con papeletas es de difícil cumplimiento.

Sea cual fuere el sistema a ser usado, debe estar legitimado por todos. Las nuevas tecnologías para el procesamiento de datos han evolucionado de tal forma que están para hacer más fácil la vida del humano en su tarea cotidiana. Eso no se discute. Sin embargo, sabemos también que esas tecnologías están a cargo nomás otra vez de seres humanos que pueden cometer errores, son sobornables y manipulables ideológicamente.

Considero que el desbloqueo de las listas para la elección del candidato de preferencia es un gran paso porque plasmará la verdadera intención del ciudadano. Pero también me invaden muchas dudas sobre la implementación de una nueva plataforma informática para las elecciones municipales 2020. Tienen razón la DNCP, los dirigentes políticos del Partido Colorado, del PLRA y muchos otros actores de organizaciones civiles y sociales al expresar su gran temor de que esta nueva modalidad pueda ser vulnerable y a la postre lesiva para la consolidación de nuestra democracia.

Paraguay no puede darse el lujo ahora de cometer errores en este sentido. Veamos nomás lo que pasa en Venezuela (votan electrónicamente), lo que ocurre en Chile y lo que ahora se origina en Bolivia, donde también ya hay convulsión social. Hay que tener cuidado de no encender una mecha donde no haga falta. No hay que olvidar que la ciudadanía se manifestó en masa a favor del desbloqueo de listas, y en su yo interno sabe que fue una conquista social que no se puede soslayar. Si hay que retrasar un poco el cronograma electoral para que todo el pueblo paraguayo esté tranquilo, pues que se retrase lo que se deba retrasar. La aplicación de un nuevo sistema –el que sea– debe estar consensuado por todos y cada uno de nosotros para dar un paso gigante hacia el futuro.