A menudo las malas noticias se devoran a las buenas, lo que hace que sea preciso dedicar espacio al análisis de las segundas de vez en cuando. El viernes último Paraguay firmó un acuerdo automotriz con Argentina, que establece el libre comercio para el acceso a los respectivos mercados, a partir del cumplimiento de un Índice de Contenido Regional (ICR) de 50%.

En primer lugar, el acuerdo beneficia a Argentina porque a nuestro país exporta alrededor de 4.000 unidades por año, siendo Paraguay el séptimo país de destino de sus automóviles. El convenio, en ese sentido, le da mayor previsibilidad a las operaciones comerciales con Paraguay. Sin embargo, aunque la industria automotriz paraguaya esté en etapa muy incipiente, el acuerdo también le beneficia de sobremanera y a toda la industria en general, porque constituye una oportunidad para que Paraguay tenga mayor participación en las cadenas globales de valor.

La realidad de la economía mundial es que hoy el 65% del comercio internacional gira en torno a las cadenas de valor, según datos del Banco Mundial. Esto significa que la fragmentación de los procesos productivos por parte de las industrias, en búsqueda de ventajas competitivas, es una realidad que alcanza a cada vez más países y puede ser una gran oportunidad para el nuestro.

Es decir, en lugar de fabricar los materiales y ensamblar los automóviles de una determinada marca en un solo país, lo hacen en varios por las ventajas que ello ofrece a las industrias automotrices.

Desde hace décadas venimos hablando de la necesidad de dirigir las políticas públicas hacia la diversificación de la economía y en el presente año se ha hecho más evidente la altísima dependencia de la economía paraguaya del sector agrícola, y este a su vez de factores exógenos. Otra razón para apuntar más en serio que nunca hacia la diversificación.

En ese marco, hay que felicitar a los negociadores paraguayos que obtuvieron un buen acuerdo. El mismo permite la utilización de los regímenes especiales para el desarrollo industrial y de incentivos para las inversiones, apuntando a la mayor inserción de Paraguay a las cadenas globales de valor.

La abundante mano de obra (más de 100.000 jóvenes que terminan el colegio cada año), la energía a bajo costo y la baja carga impositiva son ventajas competitivas que a Paraguay le pueden permitir desarrollar más industrias y esta vez sobre la base de un comercio internacional rentable y sobre todo previsible. Lo próximo es negociar este mismo acuerdo con el Brasil.

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