• Por Eduardo “Pipó” Dios
  • Columnista

Ese fue el lema que el presidente Abdo Benítez usó desde las internas, que no iba a permitir la corrupción, que “caiga quien caiga” iba a hacerse justicia, que no habría perdón ni para los amigos y aliados. O sea, al menos así creímos entender, o sea no es que creímos lo que decía porque le conocemos nio y más que nada conocemos a su equipo y a sus aliados. Entonces, si le creíamos íbamos ya a ser muy idiotas, cosa que ya somos por haberlo votado, pero tampoco la pavada, ¿no?

Pero bueno, me fui del tema, lo que sí que el entonces precandidato, luego candidato, luego electo y hasta ahora, creo, presidente en ejercicio, siempre se llenó y se sigue llenando la boca con el famoso “caiga quien caiga”.

Cayeron unos poquitos, más por su propio peso que por obra y gracia, y menos aún, voluntad del primer mandatario, es decir, no es luego su potestad castigar a nadie, pero sí se esperaba que al menos ante tantas denuncias de corrupción que cayeron, caen y seguirán cayendo sobre sus funcionarios y amigotes, los saque de los cargos. Pero no, él ko es así, cabeza dura, o necio, o cómplice o todo junto.

Cómplice siempre será, por acción u omisión, porque aunque, ponele, que él no toque un centavo de lo que roban a cuatro manos sus Samudios, Friedmanns y demás glorias de su gabinete, el hecho de mantenerlos y defenderlos hasta niveles vergonzosos hace que sea cómplice de sus fechorías.

¿Qué extraño trauma infantil, qué misteriosa mutación genética, qué loca idea, qué carajos (diría mi hijo Ignacio), le pasa al Presidente para no darles una patada y sacárselos de encima cuando día a día surgen nuevas denuncias o se profundizan las existentes? Los cargos con que premió la lealtad o el apoyo moral o material de esos funcionarios corruptos son fusibles para protegerlo, justamente a él, de los efectos de las denuncias sobre estos personajes oscuros.

La imagen del Presidente ha caído a niveles paupérrimos en gran parte, por no cambiar ni sancionar a los denunciados, sino por protegerlos a capa y a espada. Su caiga quien caiga es totalmente lo opuesto, se sigue llenando la boca hablando de la corrupción de otros, pero jamás asume la de los suyos, ni siquiera permite que se dude de ellos y los defiende con una mezcla de necedad y caradurez grotesca.

El Presidente es irresponsable al defender a estos indefendibles y mantenerlos en sus cargos porque pone en juego la propia estabilidad del Gobierno, que nos afecta a todos los ciudadanos. El daño es irreversible y él no lo entiende.

Hoy se ha sumado algo más grave aun, la propia Contraloría General de la República ha denunciado a varios funcionarios de su gobierno por mentir en sus declaraciones juradas, en ocultar bienes. Esto es gravísimo y debería merecer la destitución inmediata de los involucrados y su puesta a disposición de la Justicia, pero… nambre, sabemos que no se va a dar por enterado y que encima los defenderá.

¿Caiga quien caiga? Las pelotas…

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