- Por Eduardo “Pipó” Dios
- Columnista
La ola de protestas violentas o reclamos populares, dependiendo del sesgo ideológico con que se opine, ha puesto en alerta a todos en Latinoamérica y, por qué no, en gran parte del mundo.
Se agita en las redes y los medios como el regreso de la izquierda, el renacer del socialismo del siglo XXI o lo que se les cante.
En realidad las revueltas populares son esencialmente síntoma de que las cosas no están bien, nadie que esté cómodo o al menos comiendo relativamente bien y viviendo relativamente con cierta dignidad no se prende a ninguna manifestación, y cuando no hay quórum los violentos no aparecen.
Ecuador, Chile y Perú no están pasando bien, demasiados pobres, demasiada desigualdad y la solución no pasa por recortes violentos. Coincidimos en que el exceso de subsidios, un problema heredado de los populismos de izquierda y de derecha que asolan el mundo y que generan falsos y efímeros Estados de bienestar, debe ser corregido. Pero no se puede hacer de un saque y además exige que los “recortantes” muestren también señales de austeridad y seriedad a los recortados.
Los violentos siempre están acechando, los que no están en el poder quieren siempre volver, sean del signo que sean, pero si solo los culpamos a estos de los quilombos no vamos a solucionar nada y les terminamos haciendo el juego.
Aquí mismo, en nuestro país, la situación es delicada. Creemos que estamos lejos de lo que pasa en Chile o Ecuador cuando lo vemos en pequeña escala diariamente. Cualquier reclamo, legítimo o no, sirve para que los agitadores profesionales se prendan y actúen con violencia, buscando la represión y así lograr su tan anhelado caos.
Valoramos que desde el Ministerio del Interior se hable de hacer respetar los derechos de terceros a la libre circulación y la propiedad privada. Ambas son cuestiones claras, pero si desde el mismo Ejecutivo no se hacen respetar los demás derechos, iguales o más importantes, como el derecho a la alimentación básica, la salud y la educación, se siguen dando señales de una impunidad asquerosa y burlona, riéndose en la cara de la ciudadanía manteniendo a corruptos flagrantes como los ministros Friedmann y Bacigalupo, a inútiles como los de Salud y Obras Públicas o al delirante de Petta. Cuando se mantiene a una delincuente rabiosa como la grotesca Samudio en Petropar o se siguen rapiñando miles de hectáreas en el Indert, no va a haber FOPE o lo que sea suficiente para aplacar la furia cuando estalle esta olla a presión.
No nos olvidemos de los otros dos poderes del Estado, con la justicia ausente y selectiva, al servicio del dinero y de las mafias, o el Parlamento con su casi pornográfico despilfarro del escaso dinero público.
Marito de la Gente va a ser sacado a patadas por esa propia gente y, por supuesto, estarán los violentos agitadores de turno para incendiar todo lo que encuentren a su paso. Pero tarde serán los lamentos.

