La cantidad de información que circula por las redes sociales es incuantificable, cuando uno ingresa encuentra recetas milagrosas, sanaciones maravillosas con remedios naturales o terapias médicas, pero ¿qué pasa cuando pensando que toda la información es veraz y avalada científicamente la aplicamos a nuestra salud o la de nuestra familia? Estamos cometiendo un terrible error que puede llevar a perjudicar gravemente nuestra salud.
Días pasados recibí un mensaje de texto de un familiar en el que me envía un link de Facebook preguntándome si era cierto que se debía actuar de la manera que mostraba el video ante la convulsión de un niño. El video mostraba un niño de meses teniendo una crisis convulsiva prolongada, explicaba cómo actuar en el momento, para después “dejarlo dormir”. Tenía cientos de reproducciones y de compartidos.
Las convulsiones en los niños tienen diferentes causas, de las cuales la más frecuente es la convulsión por temperatura elevada (fiebre) en casos de infecciones. Definitivamente, el niño del video presentaba una enfermedad neurológica crónica. Lo primero que me vino a la mente era pensar que alguna madre actuara de esa manera, influenciada por el video, sin llevarlo al médico. Esto sería una fatalidad para el niño.
Las redes sociales son de utilidad, pero también pueden causar daño si no se tiene el conocimiento para hacer el análisis crítico de la información, sobre todo en salud. Debemos cuidar lo que compartimos en las redes, sobre todo en temas de salud, porque nuestra decisión de compartir puede ser tomada como una información verdadera por las amistades que tenemos. Es común escuchar en la consulta: “googleé y vi que este medicamento puede producir esta reacción y lo dejé de tomar”.
La tecnología hace que tengamos la información en segundos y en manos de personas crédulas y sin la suficiente educación puede ocasionar desenlaces poco felices en temas de salud. Deberíamos empezar una campaña de concientización con respecto a esto y sobre todo enseñar a los usuarios que antes de la toma de decisiones deben certificar la fuente de información y cuando respecta a salud el profesional médico tiene la última palabra.
Las redes sociales son el medio perfecto para promocionar y enseñar temas de salud en un lenguaje práctico y fácil, pero siempre debemos ser criteriosos con la fuente. No se puede indicar tratamientos o fármacos para la generalidad de las personas, porque cada paciente debe ser analizado y revisado para realizar las indicaciones.
Entonces, la enseñanza de hoy es ni Google ni Facebook son médicos, consulte con un médico de carne y hueso.

