Al integrar los criterios propios uno puede interpelarse con amplitud, y por sobre todo, aceptar las conclusiones que naturalmente suceden durante las reflexiones emprendidas. Es desafiante hacerlo, el asunto requiere dedicación personalizada, ni más ni menos que por uno mismo. Surgen durante el desarrollo del trabajo una serie de tareas indispensables, como la de sostener la veracidad de las causas que han movilizado a tal o cual conducta. Es determinante conocerse y respetarse, así el principio fundante de la honestidad se pone en práctica en el escenario de la intimidad, desde allí todos los valores se proyectan hacia el mundo exterior.

Es elemental reflexionar. El ejercicio es vital para el crecimiento personal, aunque su impacto tiene una diversidad de consecuencias, las cuales pueden enmarcarse en torno a lo social; entonces, un ser reflexivo está llamado a ser un ciudadano, que a la hora de pensar como tal genera efectos producidos desde esa condición.

Colocar los recursos que otorgan los sentidos para ahondar en la utilización de las capacidades que se poseen, puede constituirse como uno de los mecanismos básicos para profundizar en el conocimiento de uno mismo. Observarse, escucharse y sentirse vivo fluyen constantemente en el continuo presente que sucede. Esa atención a los instantes es la que habilita a la conciencia del ser en acción. Por consiguiente, es permanente la retroalimentación entre el pensar y el actuar.

En esa mirada interna la apreciación completa puede ayudar a asumir decisiones que representen consolidaciones o fortalecimientos de lo que se vive, como pueden darse renuncias o resignaciones ante eventos concretos, o cambios y transformaciones que se requieren vivenciar, de una u otra forma es la vida una maestra en cada circunstancia que acaece.

También las sociedades pueden interpelarse. Las formas para su práctica deben promoverse de acuerdo a la multiplicidad de factores que la identifican y le dan vida. Todos son relevantes, es que en la valoración de las perspectivas se solventa aquello de la aceptación del otro y se promueve la construcción de diálogos amparados en la consideración de la otredad.