• Por Carlos Mariano Nin
  • Columnista

Siempre digo que “el funcionario corrupto no solo roba dinero, nos roba la salud, la educación, la seguridad y lo más importante… nos roba la esperanza”.

Si hay algo de lo que este Gobierno se puede jactar es de ser uno de los más corruptos de los que se tenga memoria. En solo un año, Mario Abdo Benítez ya estuvo al borde de un juicio político y logró que en la calle la sensación de que todo está mal, excepto para los amigos, se extienda como una maldición a todos los rincones.

A la crisis económica se sumó la falta de liderazgo y reacción ante los desastres naturales que parecen haberse ensañado con Paraguay. Y como si fuera poco siguen saliendo a luz escándalos de corrupción ligados al más íntimo círculo de poder.

El último capítulo de esta novela está relacionado al Instituto de Desarrollo Rural y de la Tierra (Indert). Te pongo en contexto. Altas autoridades de la institución estarían involucradas en presuntos hechos de cohecho pasivo agravado, tráfico de influencias y soborno.

¿Cómo?

Según las denuncias, el director de la Región Occidental, Enrique Gómez de la Fuente, habría pedido dinero con el fin de agilizar trámites de adjudicación de tierras en el Chaco y desestimación de un lote y adjudicación de títulos de propiedad.

Solo fue la punta del escándalo que sacó a luz negocios multimillonarios.

Las personas que aparecerían involucradas en el esquema son además del propio Enrique Gómez de la Fuente, ex director del Indert regional Chaco; el ex gerente de Créditos del Indert, Carlos Soler, el ahora renunciante presidente del Indert, Horacio Torres y el ministro de Agricultura, Rodolfo Friedmann. Sí, cuando no.

En palabras fáciles, los involucrados habrían pedido coimas para “solucionar” problemas que ellos mismos creaban. Se presume que para cada problema el Indert vendía la solución a cada adjudicatario de tierras en el Chaco.

Por la desestimación se debería pagar cerca de 20 mil dólares y por la adjudicación de títulos unos 50 mil de la misma moneda. 25 mil dólares serían para para un dictamen a favor y por la resolución del presidente del Indert, Horacio Torres.

Atando cabos, Horacio Torres sería uno de los operadores del ministro de Agricultura, Rodolfo Friedmann, actividad que se remonta desde su época de gobernador del departamento del Guairá. De esa manera el presidente del ente rural había llevado operadores leales al Indert desde la Gobernación del Guairá.

En esta semana incluso, se filtraron a la prensa mensajes en los que supuestamente Rodolfo Friedmann se involucraba en asuntos internos del Indert desde su cargo de senador, ejerciendo influencia sobre Enrique Gómez de la Fuente y Carlos Soler, ex altos funcionarios del Instituto Nacional de Desarrollo Rural y de la Tierra, hoy imputados por haber participado en el investigado esquema de coimas.

Hoy (está columna la escribí ayer) la mesa directiva de la Cámara de Diputados incluyó en el orden del día el pedido de interpelación al titular del Indert, Horacio Torres, por las denuncias. Hoy, con la renuncia del funcionario, el proceso ante los parlamentarios queda sin efecto.

Pero fuera de esto, otras autoridades implicadas en el caso no son hasta hoy incluidas, quedando bajo el manto de la impunidad presidencial reservada a los amigos más cercanos al poder, entre ellos el polémico Rodolfo Friedmann, acorralado cada vez más por un sinfín de irregularidades.

El “caiga quién caiga” de Mario Abdo Benítez excluyó a los amigos que hoy tienen su propia interna por salvarse, dejando en el lado del precipicio a los que considera enemigos del poder.

Interior, Educación, Salud y otros ministerios, y en casi todas las instituciones del Estado se repite la historia con menor o mayor resonancia. Es un cáncer que se extiende.

Y así pasó un año con más pena y sin ninguna gloria en el que nosotros, los simples mortales, seguimos esperando una señal. La calle es hoy un hervidero de rumores, de malhumorados, de decepcionados y no es bueno.

Crece el descontento y un movimiento que no está dispuesto a aceptar la corrupción como forma de Gobierno que enriquece a los amigos y empobrece y explota al resto. Es hora de que las autoridades lo entiendan, nosotros se lo demandamos.

“El primer acto de corrupción que un funcionario público comete es aceptar un cargo para el cual no tiene las competencias necesarias”.

Algo debe cambiar, desde muy arriba. Hoy el muro que separa a los amigos que se enriquecen de los pobres a los que explotan se está agrietando.

Pero esa… es otra historia.