En las últimas semanas, ciertos gremios de la producción han urgido al Gobierno que Paraguay rompa lazos diplomáticos con la República de China (Taiwán) y reconozca oficialmente a la República Popular China o China Continental. Esta es la condición de los chinos continentales para que nuestras exportaciones desembarquen en su inmenso mercado. Si nos toma desprevenidos, la propuesta es tentadora. Pero deja de serlo ni bien la situamos en contexto.

El argumento más fuerte de los partidarios de China Popular es comercial: la dimensión y el poder adquisitivo de su mercado son cuasi ilimitados. En fecha reciente, emisarios de Beijing basados en Brasil insinuaron interés en comprar productos paraguayos, siempre y cuando abandonáramos a Taiwán. Romper con Taiwán para luego hablar de negocios.

Si la propuesta fuera sensata y novedosa sería en efecto tentadora, pero no lo es. Comienza mal porque una buena relación de comercio entre dos países no puede estar supeditada a resignaciones de soberanía. Y no es nada novedosa: China Popular ha sembrado el mundo de promesas similares, ajustadas según el contexto de cada país asiático, africano y latinoamericano que abandonó a Taiwán en busca de la quimera china. Al final de cuentas, lo que estos países han conseguido de China es dinero fácil y abundante, pero prestado a tasas y condiciones desventajosas para el prestatario, y amarrado a proyectos objetables en términos de calidad e impacto en el desarrollo. Coloniaje financiero del siglo XXI.

¿Qué pasó en los 13 países que desconocieron la soberanía de Taiwán para entablar relaciones con China en el lapso 2000-2018? Muchas de las grandes obras de infraestructura que los chinos prometieron se han retrasado indefinidamente. Otras fueron canceladas. El impedimento suele estar en las condiciones de calidad, salvaguardas socioambientales y mejores prácticas internacionales que la legislación de esos países ha recogido y China considera sobrecostos innecesarios.

Las obras que sí avanzaron las hicieron bajo las reglas y al mando de empresas chinas, con maquinaria, materiales y mano de obra del financistas, dibujando a su paso como una estela de endeudamiento intergeneracional. China abrió nuevos mercados, pero fundamentalmente para sus empresas, su mano de obra y su actividad crediticia.

En cuanto a la exportación de productos, países que se aliaron a China tampoco han experimentado un beneficio significativo. En los primeros 10 años de vinculación diplomática, el déficit comercial de Costa Rica respecto de China trepó de +/-US$ 60 millones en el 2007 a +US$ 1.900 millones en el 2017. De nuevo, más mercados para China.

En nuestro caso, que la propuesta se deslice en este momento no es una casualidad. La recesión económica y ciertos factores que amenazan agravarla como la devaluación monetaria de nuestros vecinos y el consiguiente encarecimiento relativo de nuestras exportaciones nos convierten en presa fácil en un momento cuando China tolera cada vez menos el disenso. Hace 100 días, el mundo es testigo de la represión contra los autonomistas de Hong Kong y Taiwán es precisamente el ejemplo de desarrollo en democracia que inspira a los hongkoneses. China Continental pretende asfixiar a Taiwán y la coyuntura económica es propicia para restarle un aliado estratégico en Latinoamérica.

Paraguay debe hacer lo que más le conviene, evitando actuar con desesperación por el dinero. Miremos la experiencia de los países emergentes que se aliaron a China a las corridas: el panorama no es promisorio. En contraste, la amistad de Paraguay con Taiwán ha evolucionado para convertirse en una plataforma de intercambio de conocimiento, el activo más valioso de nuestra época. 454 paraguayos becarios de Taiwán y 150 profesionales graduados de sus más prestigiosas universidades dan testimonio de ello. La Universidad Politécnica Taiwán-Paraguay nos trajo hasta aquí los mejores profesores, programas, técnicas y materiales de aprendizaje taiwaneses. El éxito económico de Taiwán está basado en mipymes con un modelo replicable en Paraguay donde el 97% de las empresas son mipymes.

Y en el plano comercial, el Acuerdo de Cooperación Económica del 2017 (Ley 5.932) exonera de aranceles de ingreso al mercado taiwanés a 54 productos paraguayos (85 a partir del 05/09/19), entre ellos carne bovina, almidón de maíz, fécula de mandioca, jugos, madera y aceites esenciales, lo cual nos convierte en uno de los más cercanos aliados de la 21ª economía del mundo, mientras para China seríamos uno del montón. ¿Por qué romper relaciones cuando la propia China Continental mantiene a Taiwán como socio comercial clave en Asia?

En síntesis, China insinúa que comprará nuestra producción; nadie sabe cómo, cuándo ni durante cuánto tiempo; tendríamos que cumplir instrucciones, sentarnos y esperar. Taiwán compra nuestros productos en el marco de una relación consolidada que comprende, además del aspecto comercial, proyectos de infraestructura, tecnología, transferencia de conocimientos y apoyo técnico, todos de alta calidad y con impacto comprobado en el desarrollo. Durante décadas, Paraguay y Taiwán han cultivado una alianza con atributos de amistad que no deberíamos desechar a las corridas para engancharnos a China como furgón de cola.

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