- Por Eduardo “Pipó” Dios
- Columnista
Por más de que el juicio político sea, justamente, “político”, se habla siempre de las causales, o sea los motivos que hacen que la Cámara de Diputados haga la acusación y le dé trámite.
Igualmente, el tema de las causales es súper opinable, ambiguo en muchos sentidos, por lo que, en definitiva, si hay votos, cualquier pavada puede hacer que el enjuiciado vuele por la ventana.
El tema es más bien la legitimación frente a la opinión pública nacional, y mucho también a la internacional. Recordemos que en el caso de Lugo, los hermanos bolivarianos que en esa época nos rodeaban pegaron el grito al cielo, legitimando sus reclamos justamente en la debilidad, o supuesta debilidad, de los argumentos utilizados, “las causales”.
Realmente el “mal desempeño de sus funciones”, siendo estrictos, se podría aplicar al 100% de los mandatarios, quienes en mayor y menor medida algún moco se mandaron en el ejercicio de la primera magistratura.
Pero acá juzgamos el tamaño del moco y el momento de la moqueada, no es lo mismo un moquito que un mocazo, salvo que este también haya sido moqueado en un momento propicio.
Digamos que desde que asumió Marito, la gripe y la sinusitis política no han parado, ha moqueado, moquea y seguirá moqueando por lo que se ve. Lo que pasa es que sus primeros mocos, al asumir recién, no daban pie a hablar de juicio político porque el tipo era nuevito, qué se yo, dejale que se equivoque, suele pasar, ya va a enderezar el rumbo, ya se va a dar cuenta... no nada, de nada de nada. Ni enderezó, ni pasó ni se da cuenta de nada. O disimula como los dioses.
Hoy en día la acumulación de causales supera ampliamente el ItaipuGate, o JoseloGate o como se lo llame. Hoy tiene a la gran mayoría de los altos funcionarios de su gobierno acusados y sospechados de corrupción. Lo peor de todo es que nadie ha sido molestado en su cargo por el Presidente. La proporcionalidad del apoyo del Presidente se da directamente al nivel badulaqueril del funcionario. Cuando más embarrado está, más lo apoya y lo confirma. Parece a propósito. De por ahí es a propósito y todo.
Los llamados fusibles, los que tienen que saltar, en caso de un escándalo, evitar que este dañe irremediablemente al Presidente, no funcionan para nada. Los escándalos pasan a través de ellos sin que nadie se vea afectado, el Presidente recibe el golpe y reacciona de dos maneras, finge demencia o directamente sale a respaldarlos con unos cuentos que ni en una guardería le creerían.
Esto irremediablemente lo va llevando al Presidente y a su gobierno al abismo, sin demoras. Si Mario Abdo pensaba que el juicio y su caída son caso cerrado, está más que equivocado. Su barco no se está hundiendo ya tan rápido, probablemente ni se hunda, está yendo directo a las cataratas sin pausa, donde va a terminar destruido sin posibilidad alguna de salvación. Lo peor es que el daño para el país, y por ende a la población, no para, cada vez es mayor y será más lenta la recuperación.