- Por el Dr. Juan Carlos Zárate Lázaro
- MBA
- jzaratelazaro@gmail.com
Nuestra agricultura familiar campesina precisa de políticas públicas integrales, de mediano y largo plazos junto con instrumentos que garanticen una transformación eficiente y eficaz del sector.
El flujo de producción generado por este sector productivo es fundamental para nuestra economía, pues es fuente primaria de provisión de alimentos para el consumo de la canasta familiar, contribuyendo a controlar el índice de precios y generando ingresos cuyo objetivo primario debe ser la reducción de la vulnerabilidad económica en el sector rural, donde se siguen observando los mayores bolsones de pobreza.
Urge que el Gobierno asuma el rol protagónico en la agricultura familiar y lo pueda potenciar técnica y productivamente, para que toda la cadena productiva y de valor logre el sitial necesario que permita a los mismos ingresos lineales durante casi todo el año, con lo cual su posición económica-financiera-patrimonial podrá verse fortalecida.
Si se logra potenciar una mayor diversificación de los renglones de cultivo, y paralelamente una mayor educación financiera, capacidad logística y de comercialización, eliminando la intermediación que es la que históricamente se ha llevado “la parte más substanciosa de la torta” otro podría ser el presente y futuro mediato y de largo plazo de estos pequeños productores.
La calidad de vida de un país se concentra en su capacidad de generación y distribución de alimentos, orientados a la satisfacción plena de las necesidades de la población dentro del mercado doméstico y por qué no también creciendo hacía afuera a nivel regional y de extrarregión, dentro de este mundo totalmente globalizado.
En la medida en que nuestros pequeños productores alcancen un mayor grado de tecnificación en sus cultivos junto a una diversificación cuali/cuantitativa podremos lograr mayores volúmenes de producción, mejores rendimientos por há, lo cual a través de la economía de escala podría abaratar los precios de los productos básicos de la canasta de consumo.
Y paralelamente en la medida en que la capacidad adquisitiva de nuestra gente se fortalezca estará coadyuvando de una forma mucho más eficaz al equilibrio deseado entre ingresos y gastos.
A nivel país tenemos aproximadamente 250.000 pequeños productores distribuidos en 5 departamentos del país, donde se concentran los de mayor vulnerabilidad económica, y que bien orientados técnica y productivamente por al MAG y otros organismos del Estado podremos hacer que puedan ver por fin “la luz al final del túnel” en lo económico y financiero.
Muchos son los problemas que enfrenta nuestra agricultura familiar debido a factores incontrolables y también controlables.
A través de una mayor educación financiera pretendemos que estos productores puedan ser sujetos de créditos dentro del sistema financiero formal, lo cual podrá ser alcanzado si el Gobierno Nacional orienta sus esfuerzos con convicción, actitud y aptitud a las principales variables que sí o sí deben ser fortalecidas y mejoradas substancialmente.
Precisamos con urgencia de una política de calidad dirigida al impulso del sector la cual debe ser amplia e integral y abarcar todas las principales áreas de riesgos, desde el acceso a la tierra, una mejor infraestructura vial y productiva, asistencia técnica y la inclusión financiera.
El Gobierno Nacional debe poner en primer lugar el bien común e implementar las políticas que sean necesarias para hacer de la agricultura familiar campesina fuerte y dinámica.

