Fue Rogelio Benítez Vargas quien, como ministro del Interior en el gobierno de Nicanor Duarte Frutos (2003-2008), acuñó la famosa muletilla de que la desesperante inseguridad en el país era solamente una cuestión de “sensación” de todos los paraguayos y que la realidad era otra. Este político, tristemente célebre en su época, fue nada más y nada menos que el jefe de campaña de la ANR de la dupla Blanca Ovelar-Carlos María Santacruz, a la postre uno de los grandes responsables de la caída del Partido Colorado frente al izquierdista Fernando Lugo en el 2008. Además, tuvo una lamentable y pobre gestión en el Ministerio de Obras Públicas en los primeros años del gobierno. Hoy fue premiado por Mario Abdo como embajador de la República del Paraguay ante el gobierno del Uruguay.

Luego de más de 10 años de la escandalosa gestión de Benítez Vargas, ideólogo de la Policía Urbana Especializada, el actual ministro del Interior, Juan Ernesto Villamayor, el 19 de agosto último, al cumplirse justamente un año de gestión de Mario Abdo Benítez, aseguró que los delitos en el microcentro de Asunción habían disminuido en un 90% gracias al programa “Centro seguro”. Es más, aseguró que la violencia en el ámbito del deporte cayó a “0%” (barras bravas), tomando como referencia el último clásico del fútbol profesional entre Olimpia y Cerro. Esto no lo creyó nadie, considerando la ola de asaltos en todos los rincones de la República. Precisamente, el 30 de agosto, ni 15 días después, una pelea entre barras bravas en la Secretaría Nacional de Deportes (SND) derivó en la muerte de una joven vida. Fue en ocasión de la disputa de una final entre los mismos clubes, pero en la rama de futsal masculino.

Es decir, las estadísticas de un aumento o disminución de la violencia en las calles no deben ser tomadas como informaciones conclusivas, ya que apenas son variables y sus causas son muy complejas; pretender dibujar o instalar una realidad con base en números fríos poco creíbles es pura charlatanería. Las autoridades de turno deben dejar de lado esas prácticas absurdas y ser más profesionales a la hora de actuar. Lo ideal sería tener un plan a largo plazo y programas serios contra la delincuencia que involucren a todos los sectores: Fiscalía, justicia, ciudadanos, instituciones, empresas privadas, etc., etc. Benítez Vargas y Villamayor son apenas ejemplos de muchos otros que pasaron por la misma institución que hicieron papelones sobre la base de estadísticas poco creíbles. No existen soluciones mágicas ni se puede construir credibilidad sobre la base de medias verdades.

Villamayor fue al extremo el martes 10 último al advertir a la Policía que tiene plazo de una semana para dar resultados concretos en el combate a la delincuencia callejera. Sospecho que se trata apenas de una distracción para justificar la inoperancia del Gobierno en su política de seguridad. Esto llama la atención. Muy pocas veces un gobierno se animó a amenazar públicamente a la Policía, menos con hacer cambios si no hay resultados. Es un riesgo porque podría producir molestias con el resultado de tener un efecto contrario. Es notable, pero 24 horas después de esas desafortunadas palabras se produjo un grave ataque –con derivación fatal (fallecimiento de un oficial de Policía)– para el rescate, en la zona del Botánico, del peligroso delincuente del Comando Vermelho Jorge Teófilo Samudio González, alias “Samura”.

Esta declaración de Villamayor no es casualidad. Se produce en momentos en que Mario Abdo Benítez “mete miedo” con su idea de que los efectivos de las Fuerzas Armadas se sumen al combate a la delincuencia organizada. Impulsa la necesidad de una enmienda constitucional. Esta iniciativa no es del agrado de los cuadros policiales. Este descontento se ve reflejado en las manifestaciones de sus familiares y por parte de algunos policías retirados, que se animaron a hablar. Es casi seguro que ahora mismo exista mucha desconfianza y recelo entre los cerca de 30.000 funcionarios policiales (administrativos y uniformados activos). Es más, entre los altos mandos existe el temor del retorno de aquella época en que el alto mando militar vuelta a tener control total sobre la Policía. Esta “fricción” no es nada positivo y en los próximos meses vamos a ver las consecuencias, para bien o para mal.

Este problema de la seguridad interna es delicado, pues es bien sabido el impacto negativo que tienen en la sociedad las incursiones de organizaciones terroristas del Norte y las violentas acciones de otras, como el PCC y el Comando Vermelho. Los últimos hechos en las cárceles y nuevamente ayer, para el rescate de “Samura”, son una prueba del descontrol por parte del Gobierno para garantizar la seguridad ciudadana. No hay dudas de que algo diferente hay que hacer, ya que la Policía no está pudiendo controlar a los delincuentes en las calles. Sin embargo, como muchos otros, dudo mucho de que las FFAA sean una solución.