• Por Felipe Goroso S.
  • Analista.
  • Twitter: @FelipeGoroso

El Gobierno y su inacabada búsqueda de una narrativa política propia. Llevan más de un año y aún están muy lejos del ideal para la construcción de un relato, no hablo de si es el que eligieron es malo ni bueno, oportuno o inoportuno, conveniente o inconveniente. Sencillamente no lo encontraron.

Es tanto lo que llevan buscando sin suerte (una cuestión que por cierto deberían de haber traído desde el inicio de la administración) que recurren a cada cosa que uno no puede dejar de sorprenderse, si se toma en cuenta el nivel de sus asesores comunicacionales. Más de uno creería que son cosas que se le ocurren al Presidente y las hace sin una visión estratégica y sin consultarlas con profesionales en materia de asesoría política. Lo cual solo daría un cuadro de mayor gravedad al asunto.

En esta línea podría enmarcarse la imagen que nos mostró el Presidente cuando se puso una pistola a la cintura y se dejó fotografiar conversando con militares. Estaba en el Chaco, con motivo de los nuevos focos de incendio en la zona y fue allá para verificar el trabajo que están realizando instituciones como la Secretaría de Emergencia Nacional y otras. Un presidente de la República es un permanente emisor de mensajes, el que crea que solo se comunica desde los discursos se ha quedado en el tiempo. El plano puramente discursivo se ve superado y se incluye a la gestualidad, sus vestimentas y otros tantos detalles. Esta administración no ha entendido esto en lo que lleva de gobierno, su comunicación electoral ha colonizado al que debió haber sido su comunicación gubernamental.

La comunicación del Gobierno no ha sabido construir una identidad personal acorde a la investidura presidencial, tampoco ha sabido tejer lo que debe ser la identidad social de esta administración. Y de vuelta, la identidad no depende solo de un discurso al menudeo, intervienen varios otros aspectos. Si llevamos esto al caso que nos ocupa que es el de Mario Abdo Benítez, debemos contemplar que un mismo orador ofrece diversas imágenes y diferentes identidades, lo que termina siendo un híbrido. En efecto, la imagen híbrida es cuando el discurso de un mismo orador construye más de una imagen de sí preponderante. Se termina comunicando confusión.

En la construcción de identidad, se hace foco en que el estilo involucra un juego entre el lenguaje verbal y el corporal. El corporal basado en lo material, lo físico, que está a la vez mezclado, en el sentido en que varios gestos tienen un significado relativamente estable. De esta manera, la identidad de Mario Abdo como político es en parte cuestión de su expresión facial, sus gestos, su postura, corte de pelo y su atuendo. Dicho de manera más directa: que Trump tenga a la Asociación Nacional del Rifle como aliada, o que el hijo de Bolsonaro aparezca con una pistola en la cintura no implica que nuestro Presidente los emule tal cual. Hay maneras más creativas de hacerlo (al menos si es ese el objetivo) pues de creatividad se trata la política, esa mala palabra que empieza con “p” y termina con “a”.

O tal vez quieran decirnos que estamos ante una nueva versión de El Llanero Solitario, quien debemos recordar, tiene a Toro como su fiel escudero. De ser este el caso, todo tendría sentido. ¡Hi-yo, Silver, away!