• Por Eduardo “Pipó” Dios
  • Columnista

Es sabido que este gobierno que “nos aqueja” ha usado y abusado de la manipulación mediática de denuncias, sin más pruebas que titulares catástrofe sin contenido o denuncias a los gritos sin pruebas ni fundamentos más que la propia palabra, bastante dudosa, de los denunciantes.

Se han atacado proyectos, obras y programas en ejecución y ejecutadas o en funcionamiento para sacar rédito político y prometer una supuesta revisión, transparencia o el “dejaremos sin efecto apenas asumamos” tal o cual cosa.

Se ha demonizado el metrobús, se ha hablado de corrupción galopante, de amañamiento de licitaciones, de fallas gravísimas e insolucionables y hasta el propio ministro ha llorado con lágrimas de pastor televisivo (bueno, si eso nomás es lo que es al final…) por el “drama causado”.

Se ha demonizado el viaducto de Calle Última y Aviadores del Chaco, hablando de sobrecostos jamás demostrados, fallas estructurales, otra mentira, y hasta se lo ha querido demonizar asociándose al “más que dudoso” homicidio de un manifestante antienmienda como si el viaducto tuviera la culpa de lo que sucedió. Así de ridículos, pero así son. Al final el viaducto es una de las únicas o la única obra terminada en tiempo y forma de la historia del país, funciona perfectamente y ha cumplido con creces con lo que se esperaba. Pero eso no importa… la campaña sí.

Se ha atacado la APP, los préstamos vía bonos a bajísimas tasas, la ampliación de la Ruta 2, el acuerdo sobre la deuda de Yacyretá, todo con medias o ni un cuarto de verdades, pero sí con titulares y ruido sin fundamento.

Todo esto suele pasar en campaña y es casi normal en nuestras democracias chuecas tercermundistas. Pero hasta en el tercer mundo suele durar hasta un par de meses después de la asunción y después nos dejamos de pavadas y seguimos con lo que está bien y lo que tiene algún defecto se subsana y se continúa.

Acá no… acá seguimos un año y monedas después con el metrobús muerto, hablando pavadas desde el púlpito del MOPC sin saber, tirando ideas sin sentido, hablando de monorrieles, trenes, subterráneos, soluciones parches y demás pavadas. Algunas, en efecto, son fruto de la inutilidad propia del ministro llorón y su inoperante gabinete, en el que, como en casi todo el Gobierno Nacional, los intereses personales de los propios actores y los grupos económicos que los ayudaron a llegar son los que rigen todo. Cada uno tira para su lado y no pasa nada… nada bueno, obvio.

Por ejemplo, tenemos los propios planes del representante de uno de los mayores fabricantes de monorrieles del mundo, quien es nada menos que dueña del medio de comunicación que dirige la campaña desde hace años para fulminar el metrobús y tratar de imponer un sistema impracticable por costo, tamaño y demás como es el monorriel. Pero no importa, ellos venden, cobran y si después no anda ya no es su problema; total ellos andan en autos de rally y helicópteros, que se vean los pobres que andan en bus.

Lo peor es que muchos de los que repiten “la estafa del metrobús” no saben ni se han tomado el mínimo tiempo de averiguar de qué se trata esta obra y cuál es el problema real para implementarla.

Yo, que sí me tomé el trabajo de investigar un poco, voy a intentar ayudarlo a entender, si me deja y tiene paciencia.

Primero, no hay ninguna irregularidad con el contrato de la constructora. De hecho, en un año de dedicarse a buscar algo, estos ineptos del MOPC no han logrado encontrarla.

Segundo, no se ha pagado un peso de más, se han cobrado exactamente las obras ejecutadas, pactadas y recibidas. Si usted contrató un edificio de 8 pisos y solo pagó el cimiento, recibirá el cimiento hasta que siga pagando los certificados de obra y nada más.

Tercero, el problema de los frentistas viene de hace 35 años cuando se ensanchó Eusebio Ayala y, como era la época de “mi general Estroner” a nadie se le ocurrió, por motivos de “cuidar su integridad física y libertad” cerrar ninguna calle para parar ninguna obra y reclamar que le estaban comiendo el frente de su terreno. Ahora reclamás y nadie puede reconocerte derechos que no reclamaste en 35 años, salvo un juez, que dictamine que el MOPC te pague. Con esa orden se pagaba y seguíamos todos felices y estaba la plata disponible, pero pastor Arnoldo tenía otras órdenes y no se interesó. Había que reventar el metrobús, como sea, si es llorando mejor.

El metrobús sigue siendo, hoy en día, la única solución viable, las demás son parches o negociados, o las dos cosas juntas.

Igualmente, veremos qué pasa, huele a que nos van a volver a joder… fuertemente.

Mientras, sigamos en campaña… no sé para qué, pero sigamos.