• Por Augusto dos Santos
  • Analista

Las rimbombantes requisas se hacen hoy y en todos los gobiernos sin posibilidad alguna de ser una solución al problema de ausencia de control en los recintos penitenciarios por una sencilla razón: la inestabilidad no tiene relación con lo que los reclusos tienen hoy en sus manos, sino con la posibilidad que lo vuelvan a tener indefinidamente. Por ejemplo un arma.

Es cierto, las requisas sirven para algún título de prensa y un par de tuits en los que todos anuncian que han convertido las penitenciarías en una sucursal del monasterio del Santo Carmelo, pero sabemos que no es así y, peor aún, ellos, en el Gobierno, saben que no es así: que mientras exista un esquema corrupto y permisivo en las penitenciarías, eso va a seguir funcionando mal.

Desde las penitenciarías se genera una bolsa importante que es repartida en todos los niveles, desde el más humilde hasta el más encumbrado.

Por lo tanto, el foco que debe atacarse es, en realidad, la corrupción, esa misma que permite, por poca plata, que los reclusos puedan acceder a armas, a un vehículo para salir como en un tour desde la penitenciaría hasta afuera, explosivos y una variada gama de privilegios.

Una vez que los internos se queden aislados de estos elementos que le ayudan a imponer sus motines porque funcionó bien un firewall de manejo honesto, todo lo demás puede ir cambiando.

Hoy en día caemos en el speech fácil sobre que faltan guardiacárceles y recursos (y es verdad), pero es lo mismo que se dice siempre que ocurre una desgracia o un hecho conmovedor, suena a insoportable discurso de crisis poco imaginativo. Es más, esta es la misma administración del Ministerio de Justicia, que “trancó” la construcción de una cárcel modelo –solo porque la inició el gobierno anterior–, la que ahora anuncia con desespero que faltan más penitenciarías.

Mientras se cambian las prácticas y situaciones estructurales, los ciudadanos debemos estar conscientes de que estamos ante un fenómeno cuyo detonante sigue haciendo tic-tac y que tenemos que alentar a las autoridades a que arriben a dos puertos: el blindaje del personal penitenciario contra la corrupción (punto central), la construcción de nueva infraestructura y el refuerzo del personal.

Ya sabemos que gastando nuestra plata de Petropar para organizar eventos penitenciarios con boxeadores y modelos, la cosa no va a cambiar.