• Por Ricardo Rivas
  • Corresponsal en Argentina

Veintinueve días pasaron desde que, en este país, Alberto Fernández fue el más votado en las elecciones Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO) por sobre el presidente Mauricio Macri, que aún dice estar confiado en que podrá alcanzar su reelección. Cuarenta y ocho son los anocheceres que restan para que la ciudadanía demuestre a Mauricio si aquella intención –hoy– se apoya sobre bases sólidas o si, por el contrario, es una de las tantas palabras lanzadas al viento que expresan los actores públicos en campaña sin ningún otro fundamento que el voluntarismo.

Alberto, por su parte, sabrá en la medianoche de ese domingo si el actual supuesto de que se trata de un mandatario en ciernes –lo más probable– se hace realidad por amplia diferencia.

En los 7 días que se fueron, el Gobierno revela –a través de trascendidos– que siente como éxito que en el cierre cambiario del pasado viernes el dólar se comercialice en torno de los $ 58 por unidad luego de tocar los $ 62; que el riesgo país haya caído a los 2.053 puntos porcentuales, después de superar los 2.500; que la cotización de algunos de los bonos que emite el Tesoro argentino se hayan recuperado parcialmente desde que se hundieron irremediablemente; que en la semana que cierra el Banco Central haya perdido solo US$ 2.725 millones de sus reservas que se encuentran en US$ 51.373 millones, de los cuales solo unos US$ 24.000 millones son de libre disponibilidad. Pero aún se desconoce si el Fondo Monetario Internacional (FMI) enviará, cuando se inicie la primavera austral, US$ 5.400 millones del crédito por US$ 57.800 millones que, con la ayuda del presidente norteamericano Donald Trump, el año pasado concedió a la Argentina. Extraña satisfacción.

Tal vez, evalúen esos datos recientes como una mejora o, al menos, una distensión en el contexto crítico local porque, según el sitio La Política On Line, el Banco Central reporta que “los depósitos del sector privado cayeron 17% en el mes de agosto, unos US$ 5.400 millones” hasta clavarse en un total de US$ 26.600 millones. Si a ese monto se suman “unos US$ 6.600 millones, la totalidad de depósitos en moneda estadounidense se ubicó en US$ 33.356 millones”.

Por estas horas, Alberto Fernández regresa a la Argentina luego de un viaje político a la Península Ibérica, acompañado de una reducida comitiva de la que formó parte el ex gobernador bonaerense Felipe Solá, ingeniero agrónomo, uno de los que brega para ser, luego del 10 de diciembre venidero, ministro de Relaciones Exteriores. El candidato del peronista Frente con Todos se reunió con el jefe de gobierno de España, Pedro Sánchez, y el primer ministro de Portugal, Pedro Costa, además de mujeres y hombres de negocios, entre los que se destaca la poderosa Ana Botín, presidenta del Banco Santander.

Según Fernández, el premier Sánchez le aseguró que respaldará a la Argentina cuando tenga que renegociar con el Fondo Monetario Internacional (FMI) las condiciones de pago pactadas meses atrás.

Sin embargo, en cuanto deje atrás el Aeropuerto Internacional de Ezeiza, sabrá de primera mano que la diplomacia de la República Popular China “está muy molesta” por informaciones periodísticas recientes “que Fernández no desmintió” que dan cuenta de “una oferta crediticia china” para mitigar la débil situación fiscal argentina. “Es mentira. No existe ese acuerdo”, enfatizaron tres altas fuentes del Imperio del Centro a este corresponsal cuando quiso saber más sobre el anuncio y confirmaron que “solo está operativo el swap entre el Banco Central argentino y el Banco del Pueblo, por un monto cercano a los US$ 20.000 millones”. El swap –que se alcanzó en el 2011, cuando gobernaba la presidenta Cristina Fernández, compañera de fórmula de Alberto, y se ratificó con Macri en la Casa Rosada– taxativamente, en su artículo IV, establece que se caerá si la Argentina incumple con el FMI.