La integridad debe preceder a la proyección de futuro. La historia nos ha demostrado el alto precio de una proyección carente de integridad.

Si tu capacidad de proyección no está basada en la integridad, no esperes cosas positivas. Si como parte de tu escala de valores incluyes a la integridad, comprobarás que tus visiones tendrán una proyección que sea de valía y con un alto valor agregado.

La integridad tiene un efecto beneficioso sobre la capacidad de visualizar el futuro. Genera un buen equilibrio de ti mismo, y, al igual que sucede con un buen alineamiento de las ruedas de un coche, permite que la conducción en el día a día resulte más fácil.

Si la integridad que forma parte de tu personalidad es inquebrantable, te permite la posesión de una idea más clara de tu realidad presente, cosa que coadyuva a ver hacia dónde se dirigen las cosas. Te permitirá poder ver con mayor claridad la dirección en la que te encaminas, dentro de un mundo cada vez más cambiante y al ritmo vertiginoso que nos toca vivir.

Un antiguo proverbio chino dice: “Si no cambiamos la dirección de nuestros pasos, es muy probable que acabemos llegando allí donde dirigimos”.

Muchos errores empresariales se derivan de una incorrecta proyección. Contrariamente, si tienes bien clarificado hacía dónde pretendes encaminarte se constituye en el primer paso hacía un sendero que apunte a un mayor éxito. Muchas de las personas exitosas que hemos conocido iniciaron su camino de triunfos con un acto de proyección.

En ocasiones se ha constituido en un acto relativamente sencillo, como hacerse la pregunta fundamental: ¿Qué es lo que realmente quiero?

Los visionarios se encuentran con frecuencia con problemas en las empresas, a menos que se encuentren en los puestos directivos aunque en muchos casos también son extensivos a estas posiciones.

Los jefes muchas veces dentro de la organización llevan a cabo un trabajo exhaustivo consistente en impedir el desarrollo de las ideas, en vez de apuntar hacia un trabajo participativo que permita obtener resultados creativos nacidos de personas visionarias.

Existen numerosas razones que nos permiten poder desarrollar la aptitud de proyección. Sin ella, carecemos de una dirección hacia la cual orientar los recursos organizativos a nuestro alcance.

Las visiones nos permiten crear una realidad, en vez de limitarnos a reaccionar ante ella.

Hoy día en que la competencia en los diversos segmentos de negocios son cada vez más dinámicos y desafiantes, hace que tengamos que desarrollar al máximo nivel posible nuestra capacidad innovativa y creativa. Si no queremos quedar rezagados.

Si tenemos una visión clara de nuestros objetivos y metas, todo se hace mucho más llevadero y consistente a la vez, pues no hay peor cosa que trabajar sin tener las coordenadas bien definidas.

Hay gente que se desmorona ante los contratiempos porque su proyección no es lo suficientemente amplia.

La intención es una poderosa fuerza. Proviene de una palabra latina que significa “tirar hacia delante”.

La intención es la tendencia inicial de la mente hacia un objetivo. Es la fuerza que impregna el camino y la meta.

La intención precede e inspira la proyección. La intención es también la capacidad de mantener un contexto visionario en el que todas las visiones concretas pueden estructurarse.

Si sabemos exactamente cómo llegar a la meta que nos hemos propuesto, es que necesitamos una intención mayor. El crecimiento y la emoción en individuos y empresas provienen de tener que esforzarse en conseguir cosas que tal vez solo una semana antes parecían imposibles.

La mayoría de nosotros tenemos valores que nos parecen sagrados, valores como los compromisos formales, la integridad completa, la consideración hacia los demás. Y, aun así, no siempre actuamos en concordancia con estas buenas intenciones.

Una buena pregunta podría ser: ¿qué puedo hacer en mi vida y en mi organización para fomentar un tono de gratitud elevado?

Los líderes visionarios desconfían de los “por qué”, especialmente de aquellos con los que todos están de acuerdo. Con frecuencia, los mayores hallazgos surgen de descubrir los “por qué” ocultos que subyacen a las situaciones más inabordables.

Charles Kettering decía: “Si siempre has hecho algo de la misma manera, probablemente esté mal”.

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