• Por Felipe Goroso S.
  • Analista
  • Twitter: @FelipeGoroso

Los hechos acontecidos en la sede de la Secretaría Nacional de Deportes que terminaron con una cantidad de autos con los vidrios rotos, la postergación de la final del partido de futsal entre Olimpia y Cerro, cientos de detenidos e imputados y un fallecido, dejan al descubierto lo poco o nada que se ha hecho en materia de prevención y planteamientos de fondo respecto a la violencia que rodea al deporte (antes era solo el fútbol). Se ha hecho poco porque cada vez que suceden hechos como este nos quedamos en cuestiones cosméticas, absolutamente accesorias. La diferencia con hechos anteriores es que lo que pasó en esta ocasión fue dentro de las instalaciones de un ministerio del Poder Ejecutivo, pero al parecer no se dimensiona este detalle.

Nos cuesta como sociedad ir al fondo porque al ser un tema tan incómodo como desgastante preferimos esconderlo bajo nuestra gran alfombra de impunidad e hipocresía. Como mucho, lo que hacemos es mirar quién está al lado nuestro para preparar un argumento de que es ese el culpable. Cualquiera menos uno mismo, menos nosotros.

La APF prefiere cerrar los ojos porque de sentar alguna posición y actuar en consecuencia tendrá que comprometer a sus asociados, los clubes; y tendrá mucho que explicar a la todopoderosa FIFA. Los clubes prefieren tirar fuegos de artificio porque, bueno, con eso les alcanza para hacer pasar el momento. ¿Y los medios? Lastimosamente, los medios nos conformamos con la espectacularidad de los fuegos artificiales. No importa que sean efímeros.

No crean que me olvido de la Secretaría Nacional de Deportes, sencillamente es que tengo cada vez más dudas si es que vale la pena dedicarle unas líneas a la administración actual que ha pasado por cuestiones desde risibles hasta bochornosas. Nadie sabe con certeza quién está a cargo de la que, en el gobierno anterior y liderada por Víctor Pecci, ha sabido mostrarnos que con gestión puede dejar de ser un cargo relleno dentro del gabinete del Poder Ejecutivo. Todo eso es hoy apenas un hermoso recuerdo.

Mientras tanto, hasta que no asumamos como sociedad que el problema no pasa por el deporte solamente, sino que la verdadera y real disputa es por territorios de distribución y venta de drogas y armas, zonas liberadas para robos bagatelarios, apoyo logístico en campañas políticas partidarias y de sus propios clubes, manejo y administración de negocios conexos en todo lo que rodea al mundo fútbol. No pasa por el bombo y los trapos.

La política, esa mala palabra que empieza con p y termina con a, precisa de decisiones con coraje y valentía. Y, sobre todo, de fondo. Basta de fuegos de artificio, que lo único que hacen es seguir sumando muertos, heridos, violencia, mucho, pero mucho dinero para oscuros grupos. Y sobre todo y principal: alejar a nuestras familias de las canchas. Si los actores principales no ven esto, es que no ven las obvias señales de que el tiempo para tomar decisiones se les agota.

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