“Duele decirlo, pero hay que decirlo”
- Pablo Alfredo Herken Krauer
- Analista de la economía
- Email: pherken@gmail.com
Es impresionante el desprecio al campo que tienen los integrantes de una fauna tan irresponsable, como desubicada y desagradecida. Y sin embargo, hasta los ciegos ven que nuestra economía toda cae cuando cae su pata fundamental: la cosecha de soja. Como en el 2009 (-39%/-0,3%), como en el 2012 (-43%/-0,5%) y el 2019 (-24%/-0,4%). Y caemos todos, aunque también influye que a los países vecinos les vaya bien con sus economías, algo que hemos venido extrañando. Apenas cuando en un año nuestra economía cae, inmediatamente empezamos a hablar del llamado esperado “efecto rebote” de nuestra economía para volver a crecer, porque el próximo año “tendremos una buena cosecha de soja”, que empujará otras producciones agrícolas y ganaderas.
Y ya está instalada en Paraguay con reconocimiento local e internacional la extraordinaria capacidad de rebotar: Después de la tormenta el renacimiento. Como en el 2010 (+77%/+11,1%), el 2013 (+103%/+8,4%) y el ahora desesperado ruego hecho plegaria de que en el 2020 la cosecha de soja se recupere con un crecimiento de alrededor del 30%. ¡Que sean benditas las mejores condiciones climatológicas para que los frutos renazcan! Sobre esa base, prácticamente casi el 50% de la economía paraguaya reacciona positivamente, directa e indirectamente. Así de simple, así de difícil y complicado. Este año, el peor desde el 2012, nuestra economía crecería o muy poco, o casi nada, o incluso podría caer, de la mano de una mala cosecha de soja a la que se sumaron otros factores internos y externos.
Y al dibujar la cancha económica del 2020 y buscar y esperar mejores resultados, todas las miradas iniciales y principales se dirigen a los condenados sojeros ¿sembrarán las 3.500.000 hectáreas, conseguirán buen rendimiento y cosecharán más de 10 millones de toneladas? ¿Volverán a salvarnos ¡por favor! como en el 2010, 2012? No hablan de “productores agrícolas” o “agropecuarios”, sino, despectivamente de sojeros, cuando estos productores también se juegan en la producción de trigo, maíz, avena, canola, girasol, tung, algodón (el fenómeno en el Chaco Central con los menonitas como avanzada), arroz, sin olvidar el contagio a la ganadería.
Por todo ello no me extrañó la furibunda expresión de un sojero al escuchar nuevamente la buena música para el oído que cantan desde el ministro de Hacienda y otros integrantes del Equipo Nacional, con voces de banqueros y gremios empresariales: “La recuperación del campo es nuestra salvación para el 2020”. “¿Efecto rebote? ¡Las pelotas!” Nos tienen podridos, me dijo, somos los malos de la película, el precio internacional está bajo, perdimos en la última cosecha, vendimos o entregamos parte de nuestras maquinarias, refinanciamos nuestras deudas, no sabemos si la Argentina continuará como principal comprador, y lo único que nos ruegan es “reboten ustedes, para que rebotemos todos”. El efecto rebote en el 2020 está en el escenario con grandes posibilidades, con un crecimiento del 3% como base responsable. No confundir por favor rebote con despegue. Cuidado con crear falsas expectativas, por muchos factores externos desfavorables (Argentina). Porque podrían ser otros los que despeguen y no la economía. Despeguen, despedidos. Duele decirlo, pero hay que decirlo (DDPHQD).

