• Por Augusto Dos Santos
  • Analista

Es iluso pensar que el Partido Colorado pueda tener una unidad granítica. Ese concepto es anacrónico. Lo que sí puede la ANR es administrar un proceso de consenso, entendimiento, agendas comunes y unidad electoral o congresual para ir imponiendo sus agendas. Lo que puede la ANR es ser poder, si quiere.

¿Por qué no se puede hablar de unidad granítica en la ANR? Porque es un megapartido, de los pocos que subsisten, capaces de aglutinar –al mismo tiempo– a los dos hemisferios de intereses que mueven la política de un país. Dicho en otra expresión, es oficialismo y oposición al mismo tiempo.

No se puede pedir a un basquetbolista de dos metros quince que se sienta cómodo en un “fitito 600”. La idea de “unidad granítica” de la ANR no es una tarea fácil porque este partido se ha consolidado tanto en comparación con la competencia, que cada sector que lo integra tiene su propia estructura burocrática dispuesta a ocupar funciones en el poder cuando le toca ser poder. Este es un fenómeno que no se observa en ningún otro partido.

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Por ello la “unidad” de la ANR puede funcionar bien, pero solo si actúan con madurez, pragmatismo e inteligencia. Probablemente fracasará si se está esperando que sus sectores integrantes se transformen en noviecitos besándose en una plaza. No va a ocurrir.

La ANR es una estructura tan compleja que no puede tener a sus dos hemisferios como un matrimonio; a lo sumo pueden ser amigos. Es más, electoralmente es mucho más conveniente para la ANR la tensión de una amistad con condiciones de lealtad que el matrimonio porque esto último no hace sino desactivar los músculos de la competitividad electoral. (No olvidar que las seccionales tenían pujas internas más o menos democráticas aun en plena dictadura. Hoy a 30 años de democracia hay sectores políticos que aún no tienen internas en el Paraguay).

Los colorados necesitan dos escenarios de unidad y podrían convertirse en una expresión de poder casi sin sobresaltos: a) el escenario electoral y b) el escenario de la agenda parlamentaria.

El planteo que hace Horacio Cartes al respecto que un sector no apetezca cargos burocráticos de poder del otro y que solo se preserve de procesos de persecución a los “correligionarios” en las bases es casi como el planteo fundacional de un proyecto de convivencia nueva, que nunca se había planteado antes y que bien entendido puede constituirse en una ecuación para resolver los históricos problemas de “gigantismo” de esta agrupación política.

No se puede olvidar que en el 2008, cuando Blanca Ovelar gana las internas a Castiglioni, el argumento para resolver el conflicto fue la traición. Probablemente la ecuación “No nos persigamos abajo y convivamos como amigos, pero sin enamorarnos arriba” puede ser una fórmula de madurez que aún debe ser analizada y comprendida en su volumen.

Se puede simplificar el concepto señalando que mientras lo lógico es que los sectores políticos busquen el poder, el Partido Colorado tiene un histórico problema de estrés sobre cómo resolver su problema de permanencia en el poder. Porque aunque desde afuera de la ANR no se llegue a entender este concepto, los partidos que permanecen en el poder casi eternamente están dispuestos a todo para sostenerse en ese lugar, pero al mismo tiempo soportan el problema de ser dueños de esa llave.

Ante este escenario, la ANR se encuentra ante un desafío de madurez en el que no cabe el pensamiento romántico de un amor adolescente entre sus partes, pero ambos saben –en contrapartida– que tienen la oportunidad de ser dueños de la agenda del poder, de todas las acciones del poder y de todo su territorio.

¿Tendrán la madurez y el pragmatismo para sostenerlo? Es la pregunta que no se demorará en tener respuestas.

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