Crisis 1.

Hay crisis de nervios en algunos políticos y medios de comunicación por el acercamiento entre el oficialismo y el movimiento Honor Colorado. Se están escribiendo y lo seguirán haciendo líneas y líneas que hablan de tormentas que se avecinan, de traiciones que no se van a olvidar, de que es inadmisible que la ANR esté dialogando, que hay gente que ha entregado sus banderas, negociado sus principios y cambiado el amor eterno que prometieron. Y claro que es preocupante para algunos que estaban gozando del amor de verano que tenían con el Gobierno. Tienen millones y millones de motivos para estar escandalizados. Se escandalizan porque tienen una clara agenda de debilitar a los partidos políticos por una razón muy sencilla: cuanto mayor debilidad haya en los partidos, más facilidad habrá para que los políticos sigan la hoja de ruta que le marcan estos medios de comunicación.

Se esperan fortaleza y voluntad política de parte del Gobierno a la hora de tomar decisiones y que las vacilaciones sean cada vez menores y con menor frecuencia, sin guiarse demasiado por las líneas editoriales de los medios, a los que hay que darles su lugar en su real dimensión. Nada más y nada menos.

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Crisis 2.

La otra crisis de la que estamos siendo testigos es la de la comunicación gubernamental, sobre la cual ya hemos apuntado en infinidad de ocasiones. Hay una crisis comunicacional por no saber gestionar ni afrontar la crisis política. Y esto quedó en evidencia ayer cuando en un acto público en San Pedro, los cronistas acreditados a la cobertura de sus actividades le consultan sobre si habrá o no más cambios dentro del Gabinete, lanza la pésima frase: “Primero tenemos que lograr estabilidad. Nadie quiere ser ministro de un gobierno que puede irse la próxima semana”, para acto seguido, lanzar una sonrisa. Llegado a este punto hay dos posibilidades: una es que el Presidente no escuche a sus asesores, pues me resulta imposible de creer que tal frase haya sido sugerida por los mismos. Esto es grave. Y la otra posibilidad es que los asesores estén cometiendo el gravísimo error de no dimensionar el momento que está pasando el Gobierno. Esto es aún más grave. El Presidente debe darles a sus asesores el necesario espacio en su agenda de manera que los mismos puedan darle herramientas y tips para cada jornada. El eje y la línea discursiva, el mensaje a ser transmitido (incluso más allá de lo que puedan preguntarle, eso no varía). Todo esto dentro de una narrativa o relato que hasta ahora no han podido construir. Si el Presidente no le da la importancia a la comunicación y los asesores tampoco logran hacerle ver de lo necesarios que son para él y su gobierno, una de las partes debería irse. Está demás decir cuál de ellos es el eslabón más débil. Tampoco sirve echar toda la culpa a la comunicación sobre los males del Gobierno, como lo vienen haciendo desde el Poder Ejecutivo, sobre todo si no se piensan hacer cambios en esa área.

En algún punto uno quiere entender que la frase del Presidente se da en el medio de la tormenta que está pasando, en la que viene reclamando en diversos tonos y modos que el juicio político se trata lo más rápidamente. Pero, Presidente, para alguien con su investidura las formas son muy importantes. Demasiado. Sin importar la presión que esté sintiendo.

Y, por último, deje de usar la palabra crisis. Bórrela de su léxico hasta que los vientos mejoren, que esperemos no pase demasiado. Pues de saber manejar las crisis también se trata la política, esa mala palabra que empieza con p y termina con a.

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