• Por Carlos Mariano Nin
  • columnista

Una vez más y solo ante una multitud de colorados añetete (arreados o no, funcionarios públicos o no) el presidente Mario Abdo Benítez pidió perdón, con un cierto tono de fracaso y en medio de un respiro que lo tiene desde hace días al borde de un abismo.

“Perdón por los errores”, dijo, pero ¿fueron errores?…

Quizás nunca vamos a saberlo. Solo conocemos de diario en diario que estuvo a punto de venderse el país en un negocio energético que solo beneficiaba a unos cuantos. Y todos cercanos al poder.

Cercado por la prensa y obligado por la situación tras la crisis generada por el acta secreta, Marito reiteraba hace unos días en un discurso con muchas palabras y pocas intenciones “que no iba a tolerar corrupción”, incluso por la cercanía de compañeros y amigos de lucha, a quienes recordaba que eso no les daba derecho a tener inconductas en el manejo de las cosas públicas. Y luego ordenaba algunas destituciones.

Así se encaminaba al primer año de gobierno. Un año que cierra con el sinsabor de una avalancha de protestas que se multiplican en todo el país.

Y es que el vaso se viene llenando desde que asumió el poder y hoy la gente parece verlo medio lleno.

Al acta secreta y a los escándalos de nepotismo y malas decisiones se suman el fantasma de una crisis económica que ya afecta a las clases más bajas y un entorno corrupto blindado de impunidad.

Eso alimenta el descontento.

Y el descontento opaca cualquier logro. Incluso el de la lucha contra el narcotráfico, que se presenta como la estrella del primer año y que nos valió hasta una felicitación del gobierno de los Estados Unidos.

Pero la gente se está cansando.

El “caiga quien caiga” contra la corrupción parece eximir a los cercanos al anillo presidencial.

Allí están Patricia Samudio, presidenta de Petropar, sospechada de haber realizado depósitos bancarios violando lo establecido por la ley para beneficiar a una empresa amiga. Una investigación periodística que nunca fue aclarada.

De cerca y de lejos, pero siempre en el entorno lo tenemos al diputado Miguel Cuevas, hoy investigado por enriquecimiento ilícito.

Un informe elaborado por la Contraloría General de la República sobre la Gobernación de Paraguarí hasta el 2016, cuando Cuevas estaba al frente, revelaba un pago de 1.200 millones de guaraníes a Petropar, sin determinar el destino de los combustibles que compraba.

No son los únicos.

Últimamente inseparable de Mario Abdo Benítez, Rodolfo Friedmann, no solo cuenta con una denuncia, sino varias, por una serie de irregularidades que habría cometido en Guairá mientras fue gobernador.

Una de ellas se puede comprobar a través de una auditoría de la Contraloría General de la República (CGR). La misma revela que solo en el 2016 se detectó un total de 203.149 raciones de almuerzo escolar sin registro de entrega por G. 2.295.583.700. Hasta la fecha Friedmann no fue imputado. Ya sé, no es culpa del Presidente, pero finalmente se sospecha que tiene su protección.

Son solo casos, pero esas son las gotas que van llenando el vaso de la paciencia.

A veces, como muchos, creo que es una batalla perdida. Se denuncia un caso de corrupción y florecen otros diez. De diez procesos, con suerte uno acabará en la cárcel y ese con seguridad no pagará lo que debería pagar porque el sistema protege a los ladrones y mira con recelo a los denunciantes.

No son las personas, bueno… sí, son las personas, pero en verdad el cáncer está en el sistema que termina corrompiendo a los incorruptibles y castigando siempre a los más débiles.

Creo que deberíamos cambiar nuestra mentalidad. Protestar más a menudo y no solo en las redes sociales, ya que eso es como tirar la piedra y esconder la mano. La ciudadanía tiene que ser participativa y defender los intereses colectivos para que el dinero de todos termine en cosas necesarias y no en cuentas bancarias en el exterior.

Mientras no exijamos. Mientras sigamos eligiendo por colores y no por capacidad, nos seguirán tocando esa partecita del cuerpo que no nos gusta y nos refregarán en la cara un lujo que pagamos nosotros y beneficia a unos cuantos corruptos.

El mensaje que les llega a los jóvenes viene con un error de fábrica. Esa fábrica en la que trabajamos todos y nos da de comer. Y esa fábrica cumple un año, y pocas nueces…

Pero esa es otra historia.