• Por Fernando Filártiga
  • Abogado

Las elecciones Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO) en Argentina arrojaron un resultado adverso al gobierno de Macri y la economía de nuestros vecinos pareció desmoronarse. El “lunes negro” caía la cotización bursátil de las empresas, el peso se desplomaba ante las divisas de referencia y cundía el malestar entre los tenedores de bonos soberanos, al tiempo que se perfilaban alzas de inflación, riesgo país, chance de cesación de pagos, etc., en un sube y baja perverso al que nadie quiere jugar.

¿Qué pasó? “El capital es cobarde”, enseña el refranero axiomático-popular del Peronismo. “Te acompaña hasta la puerta del cementerio y después te deja solo. A Macri le está pasando eso. Él gobernó con ellos (los dueños del capital) hasta este momento y ahora le dicen ‘no más, nos vamos’”, agrega un candidato a diputado de esa corriente para contextualizar el veredicto de Perón.

En realidad, el mercado no funciona de esa manera. Aunque suponiendo que sí por un minuto, no tacharíamos precisamente de cobardes a quienes apostaron a los bonos y a las empresas argentinas, a los ahorristas en moneda local y a los inversionistas que confiaron en la recuperación del país.

El mercado funciona en torno a oportunidades e incentivos y convive mejor con el riesgo que con la incertidumbre, pues el riesgo puede medirse; la incertidumbre, no. Frank Knight explicó la diferencia en “Riesgo, incertidumbre y beneficio” hace casi 100 años. A partir de ello se ha comprobado que la aversión a la ambigüedad difiere de la mera aversión o intolerancia al riesgo (paradoja de Ellsberg).

Al gobierno vencido en las PASO podría reemplazarlo otro de agentes con ideología y actitudes opuestas a la apertura y libertad económicas, lo cual detonaría en un choque frontal de modelos, una vez más. Y como en el resto de Latinoamérica, Paraguay incluido, en Argentina las instituciones republicanas tampoco pueden aún garantizar la continuidad de políticas de Estado con independencia de los gobiernos de turno. En consecuencia, el inversionista que ya había optado por un contexto de bastante riesgo con Macri enfrenta ahora otro de incertidumbre con el posible retorno de un kirchnerismo maquillado y busca evitarlo en la dinámica de movilidad de capitales de la globalización y la tecnología.

El capital abandona a los países, no solo a los gobernantes. Si los inversionistas dicen “nos vamos” y se desata una fuga de capitales, pierde el país y pierde el gobierno al que tocará administrarlo. Por eso la incertidumbre, el repelente de capitales e inversiones, es problema de todos y tanto el gobierno actual como los candidatos con chance de reemplazarlo deben generar señales de estabilidad. Estas señales serán mucho más efectivas que el paquete de medidas económicas anunciado el miércoles.

Para nosotros, lo que está sucediendo en Argentina proyecta un ejemplo muy oportuno. La incertidumbre política en Paraguay, si bien debida a otras circunstancias, también surte efectos negativos: nos debilita como actores en los mercados de deuda, contamina el clima de negocios, conspira contra nuestra calificación crediticia internacional y espanta capitales, especialmente la inversión extranjera directa que continúa en niveles exiguos.

Si la incertidumbre se prolonga y degenera en una quiebra institucional, los problemas serán peores; mientras que si la situación se normaliza y las instituciones cumplen a cabalidad sus respectivos roles constitucionales para despejar incógnitas en torno a Itaipú, Paraguay puede consolidar cimientos como puerto seguro de inversiones, incluyendo las que dejan Argentina, y robustecerse en el plano internacional ante las negociaciones en puertas con el Brasil.

Ante tal alternativa, es hora de dar señales contundentes; señales de apego al Estado de derecho de parte de toda la clase política y de voluntad y capacidad para representar los intereses del Paraguay con patriotismo desde el Gobierno.