Recordando al finado periodista de Ñanduti, Osmar Apuril, cuando nunca olvidaba la situación de Ña Juana, Ña María, Don Pedro, Don José, refiriéndose al día a día de la gente común, el vendedor, el almacenero, el jornalero o el agricultor, paraguayos que sienten en primera línea los vaivenes económicos, la falta de plata, el famoso circulante y a quienes con sus acciones los gobernantes y la clase política parece olvidar.

Hoy, la mayoría de los paraguayos estamos en la situación de Ña Juana y Don Pedro, los economistas alertan, los números no mienten y la sensación en la calle, en el día a día es preocupante. El primer semestre del año fue duro tras los efectos climáticos, la caída de los commodities, la situación de nuestros vecinos (Brasil-Argentina) y la nula reacción del Gobierno, por lo menos en lo que les toca hacer: dinamizar con obras de infraestructura.

Teníamos la esperanza que al inicio del segundo semestre nos iría un poco mejor, una reacción, ante el reclamo, al gobierno de ajustar los resultados de ejecución en algunos ministerios, inversiones a través de préstamos en el sector privado, pero, recibimos este duro golpe que desnudó la improvisación de un presidente incapaz de interiorizarse de los detalles de una negociación clave para el Paraguay y que derivó, nada más y nada menos que, en un pedido de juicio político.

Es imposible que salgamos de este embrollo sin una consecuencia traumática. Las dos fórmulas serán nefastas para el Paraguay; tanto si se hace el juicio político o si seguimos como estamos. Lo claro es que debemos jugarnos, por lo uno o por lo otro, porque la incertidumbre es el peor de todos los males.

Paraguay difícilmente, con este clima de inestabilidad política, logre el grado de inversión. Con esta incertidumbre salta hasta un temor de que ni en Aduanas se llegaría a las metas en recaudaciones previstas. Datos oficiales de la Dirección General de Estadística, Encuestas y Censos señalan que 57 mil paraguayos se quedaron sin empleo. Con la incertidumbre, y ante la cobardía del capital privado por la inestabilidad, este número tiende a subir y paralelamente aumenta el índice de delincuencia.

Con la incertidumbre ni en los ministerios las cabezas proyectan políticas públicas a largo plazo, pues ni siquiera saben hasta cuándo estarán en el cargo. El economista Aníbal Insfrán Pelozo nos decía el viernes en la radio que la economía se mueve directamente en proporción a los dramas políticos y por ello, instaba a la clase política a que defina el rumbo en relación al tema del juicio político: “o se ejecuta o se entierra definitivamente”.

A estas alturas, con las evidencias que se tienen, las notas, las declaraciones, los whatsapp de “Josélo”, el contenido del acta bilateral, aunque quede sin efecto, quedó plenamente demostrado quienes fueron los responsables y quién tuvo la responsabilidad, indelegable, sobre lo ocurrido.

La indefinición de esta crisis podría llevarnos a situaciones extremas. Jóvenes estudiantes, secundarios y universitarios, anuncian movilizaciones hasta toma de colegios y facultades, los seguidores de Mario Abdo, anuncian nuevamente presencia en apoyo al presidente mañana a las 7:00 en Palacio de López.

Insfrán Pelozo tiene razón, hay que definir esta cuestión. O en una semana, el presidente Mario Abdo da señales en serio, no remiendos, de que va a reencauzar su gobierno y seguimos para adelante con el control político, mediático y ciudadano, o de una buena vez lo mandamos a su casa y construimos nuevas alternativas con los resortes democráticos de nuestra Constitución. Pero, en la incertidumbre, en el cháke permanente ya no se puede seguir. Lo uno o lo otro. Puedo estar equivocado, pero es lo que pienso.