- Por Eduardo “Pipó” Dios
Hace un año solamente, Mario Abdo asumía la presidencia y si bien no tuvo una diferencia muy grande en votos sobre su oponente electoral, no había mayores dudas sobre su legitimidad.
Desde el día uno, se pasó peleando con sectores internos de su partido, ninguneándolos, ofendiéndolos, ofreciéndoles solo desprecio y persecución a funcionarios no afines. Se entendía que en los cargos superiores y de confianza ubicara a los suyos, pero se metió hasta con funcionarios de los niveles más bajos con tal de “cobrarse” su venganza contra el cartismo, al que odia visceralmente, pero del que se valió para llegar al poder.
Uno, en la vida, puede optar por tomar una posición antagónica contra alguien o algo. No es recomendable, pero se entiende, en la política también puede pasar, pero si uno viene de un sector, pasa al otro y después te habla del sector del que vino como si fuera la encarnación del mal, permítanme que dude de la legitimidad de su posición.
Mario Abdo siempre fue un oportunista político, se ubicó y se mimetizó donde le convino y se alió con quien le sirvió para sus objetivos. Hasta llegar al poder actuó como político, pero, al parecer, creyó que podía ejercer el cargo dejando de lado esa capacidad política que le permitió llegar.
Se rodeó de adulones y aprovechadores, de oportunistas y mediocres, dejando a un costado a sus aliados más capaces y con más conocimiento de cómo se maneja el poder.
Fue un año de tropiezos tras tropiezos, de metidas de pata, de escándalos, de corrupción y de desgaste. Un desgaste que lo llevó en estos días a ver de cerca el abismo. De estar a un paso de caer. Solo la cintura de ciertos aliados le permitió zafar, por ahora.
Este nuevo salvataje se lo dieron sus propios correligionarios de Honor Colorado, del vilipendiado y ninguneado “cartismo” usado como si tratara de un insulto y que le vuelve a dar una oportunidad, la misma que le dio en abril, cuando creyó en sus promesas y a los que terminó apuñalando por la espalda arteramente.
Está en Mario Abdo saber que hasta acá llegó con esa manera estúpida y necia de manejarse. Debe aprender de quiénes rodearse y a quién apartar de su entorno.
No será fácil. De más está decir que poca gente aún cree en su capacidad. El tiempo dirá.