• Por Jorge Torres Romero
  • Periodista

Llegué a sostener en esta columna que necesitábamos más parlamentarios como Paraguayo Cubas que generen una sacudida a la clase política acomodada en sus vicios. Me he equivocado grande. Necesitamos más ciudadanía y diré algo que suena hasta obvio, más prensa contralora y denunciante de lo que está mal.

Este es el camino para ir construyendo institucionalidad y creo que lo vamos logrando poco a poco, con pequeños pasos, a veces con señales de intento de retroceso, pero vamos avanzando y podemos ir citando algunos de esos logros a modo de ejemplo.

Era impensable hace algunos años tener el acceso de la nómina de funcionarios con sus respectivos salarios, incluyendo las binacionales, hoy es una realidad. O quien se iba imaginar que haya prosperado la pérdida de investidura de varios parlamentarios envueltos en hechos de corrupción.

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Fueron conquistas ciudadanas logradas con las herramientas de la democracia. Claro que nos gustaría acelerar los procesos de transformación cuando aún vemos tantas injusticias y desigualdades. Pero, el camino es consolidando y fortaleciendo las instituciones, no liquidándolas.

Gracias al reclamo del senador Cubas, las sesiones consideradas secretas, hoy ya son públicas. Pero ese reclamo se logró evidenciando el hecho real que por la fuerza de su legitimidad captó la atención ciudadana y mediática para acompañar la exigencia y hoy es una conquista. Así vamos construyendo.

Cuando hemos calificado como bochornoso el espectáculo de este mismo senador refiriéndose a dos ministras de la Corte en pleno Congreso Nacional, el compañero de radio Benito Fleitas plantea lo siguiente: ¿No es bochornoso también la actuación o complicidad de las aludidas en no mover un dedo para mejorar la justicia? Quizás tenga razón. Pero ese griterío vulgar planteado en esa circunstancia tampoco transformará nada.

Si Cubas o alguien arrima y evidencia las acusaciones señaladas, si las mismas tienen consistencia, estas señoras caerán, como sucedió con algunos parlamentarios que pensábamos eran intocables. De lo contrario, se pervierte la esencia misma del reclamo y generamos un clima hostil de enfrentamientos mutuos que no contribuyen.

Un bochorno no se soluciona con otro bochorno, al contrario, los empeora y abre una peligrosa puerta que podría conducirnos a asumir posiciones extremas, como lo hizo el senador Enrique Riera, al dejarse vencer por su ira ante insultos, improperios y bajezas propaladas por su colega.

Los que tienen carga pública saben que están expuestos al reclamo ciudadano, a que todos sus actos sean observados y abiertos al escrutinio popular, por ello, no se deberían molestar cuando son interpelados, lo que sí les debe irritar es cuando esas observaciones son falaces y sin fundamentos, por eso, y hasta parecería de sentido común, las pruebas y evidencias tienen que estar sustentadas para que se actúe en consecuencia y se ejerza la presión ciudadana.

Ya sabemos cuáles son nuestros males y nuestras debilidades, para combatirlas no necesitamos a un desbocado oportunista que ya no tiene más nada que perder, sino una madurez cívica a la hora de elegir a nuestros gobernantes. Si no nos gustan los impresentables que consideramos están en el Congreso, por fin, hablando de conquistas, se pudo modificar el Código Electoral y ahora podemos votar con listas desbloqueadas en las próximas elecciones. Allí tendremos la brillante oportunidad de deshacernos de los indeseables.

En los meses que Payo estuvo sancionado, fuera del Congreso, el Senado aprobó leyes con celeridad, incluso dos senadores perdieron su investidura, sin la distracción de los insultos de quien, legítimamente, pretende construir su plataforma, pero desapegándose de leyes y normas que en un sistema democrático, con sus imperfecciones aún, se deben cumplir. Puedo estar equivocado, pero es lo que pienso.

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