• Por Óscar Tuma
  • Abogado

En este período legislativo se hizo costumbre que diputados y senadores soliciten permiso en sus bancas para ocupar otros cargos “más interesantes”, dejando al suplente que asuma su lugar. Esta situación ya los constituyentes debatieron en su momento y claramente establecieron que los permisos solo pueden otorgarse para ocupar el cargo de ministro o de embajador, lo cual es bastante sabio, porque con esto se tiende a evitar que los “amigos” del gobierno de turno se conviertan en “hombres imprescindibles” que desempeñen tres o cuatro cargos al mismo tiempo impidiendo la participación de otros ciudadanos, igual o más capaces.

Al profundizar el tema debemos diferenciar el permiso “temporal indefinido” al permiso “temporal transitorio”. El primero de ellos está contemplado en el Art. 199 de la Constitución Nacional, que son los que obtienen los legisladores para ocupar el cargo de ministro o de embajador, como ya lo dijimos. El segundo está contemplado en los reglamentos internos de cada una de las cámaras del Congreso, como ser los permisos por enfermedad, ausencias temporales por viaje al interior o exterior del país u otras circunstancias personales. Pero sea cual sea el caso, los legisladores deben solicitar ineludiblemente el permiso para evitar incurrir en violación al régimen de incompatibilidades que acarrea la pérdida de investidura parlamentaria, por aplicación del Art. 201, inc.1 de la Constitución Nacional.

Cuando un parlamentario solicita el permiso correspondiente y le es otorgado, nos encontramos ante una vacancia que consiste en el hecho de que el cargo se halla sin su titular por justa causa y el suplente debe llenar ese espacio, sobre todo si el permiso es la base de lo establecido en el Art. 199 de la Carta Magna. Pero ojo, existen casos en los que las vacancias no necesariamente significan el llamado al suplente para que reemplace al titular y, en estos casos, son los reglamentos internos los que determinarán las condiciones para que opere una vacancia que amerite el juramento del suplente o no.

Si el permiso otorgado es por un tiempo indefinido en que el titular estará impedido de ejercer sus funciones deberá jurar su suplente, pero si no se dan esas condiciones, no se operará una vacancia, sino simples ausencias del titular. Así serán, por ejemplo, ausencias para ir a participar a una reunión parlamentaria fuera del país, el someterse a una intervención quirúrgica que implique solo días de internación, el ausentarse por motivos particulares, etc. En todos estos casos el suplente no debe ocupar la banca del titular porque la ausencia no sobrepasa el plazo máximo establecido en los reglamentos internos de cada cámara.

Conclusión, tenemos que la vacancia indefinida cuando el legislador se encuentra impedido de estar presente en las sesiones por un plazo mayor al que establecen los reglamentos de cada cámara. En todos estos casos el suplente sustituye al titular y este reasume su banca una vez que esté en condiciones de ejercer sus funciones regularmente. Y nos encontramos ante una ausencia nada más cuando el legislador está impedido de asistir a las sesiones por un plazo menor al máximo establecido en los reglamentos, cuando no debe asumir el suplente.

Por último, tenemos un último caso, que son las vacancias definitivas, las cuales también se dieron como nunca antes en este período legislativo. El mismo tiene lugar cuando durante el curso de una legislatura, un escaño parlamentario pierde a su titular por cualquiera de las causales de cesación en el cargo como ser muerte, renuncia aceptada o la pérdida de investidura. En todos estos casos el suplente que corresponda ocupará la función de legislador hasta el término de la legislatura.

En fin, los legisladores no deben abusar de los permisos y solo deben ser otorgados si se adecuan a lo establecido en la Constitución Nacional o a los casos establecidos en los reglamentos internos, porque de no hacerlo de esta manera se estaría distorsionando la finalidad del mismo.