Esta disputa entre taxistas convencionales y el desembarco de Uber en Paraguay se inició en los primeros meses del 2018, cuando las movilizaciones del “enjambre amarillo” comenzaron a ir contra esa modalidad de transporte que no pudieron detener, a pesar de protestas inclusive a nivel municipal. Después, a fines de ese año, la app MUV (paraguaya y similar a Uber) había crecido con 4.000 usuarios en Central, realidad que, de nuevo, movilizó a los trabajadores “amarillos” del volante. Ahora, a seis meses, otra vez hay crispación entre los taxistas tradicionales y los muvers.

Esa breve pero simbólica estadística quiere decir que esta nueva forma de movernos, impulsada más que nada por jóvenes, llegó para quedarse. Su crecimiento es inexorable y se vienen los acomodamientos y ajustes. Su justificación tiene un sustento sólido: es más barato que el taxi convencional. Se da en momentos en que todos, absolutamente todos, estamos haciendo esfuerzos por acomodar nuestros gastos en un ambiente de recesión económica.

MUV es el nombre de la aplicación paraguaya con una nueva modalidad de transporte, similar al Uber mundial. Se trata de una aplicación desarrollada inicialmente en Europa y que creció como en ningún otro en EEUU para un mejor aprovechamiento del GPS para conectar online a usuarios y conductores para el transporte público de pasajeros. En nuestro país, en un año y medio, el servicio “reclutó” a más de 30.000 clientes permanentes y 400 muvers (prestadores del servicio). Es decir, ya representan casi la tercera parte de la flota del “enjambre” de Gran Asunción (1.500) en menos de dos años.

Por el desorden existente en la Municipalidad de Asunción, no se sabe a ciencia cierta si esas 1.500 unidades (contabilizadas al cierre del 2018) aportan algún tributo al municipio o si pagan rigurosamente sus impuestos al Ministerio de Hacienda como manda la ley. Estas dudas hicieron que la Junta Municipal de Asunción y Tributación pararan las orejas con respecto al verdadero aporte que hacen al país. Hay fuertes sospechas que por décadas monopolizaron las calles de Gran Asunción con servicios de baja calidad y pocas contribuciones en tasas municipales y casi nulos desembolsos al fisco.

Vale decir que ese “reinado” solo enriqueció a unos pocos potentados dueños de paradas, quienes siempre han vendido los espacios de cada vehículo como si fuesen un terreno de su patio trasero. Lo que es peor, sucesivos intendentes municipales, incluyendo a Mario Ferreiro, nada hicieron por ordenar la casa y poner fin a tanta desidia en torno a un sistema de transporte sensible de pasajeros como son los taxis.

Ahora les explotó la bomba en la cara. El factor menos esperado, el avance de la tecnología, pateó el avispero y puso en jaque un ya obsoleto sistema que viene de la era del intendente estronista Pereira Ruiz Díaz. Tengo mis dudas con respecto al éxito de una reglamentación municipal o legislativa para la aplicación MUV, por más perfecta que sea, ya que su crecimiento tiene que ver más con la iniciativa particular de la gente en la búsqueda de conveniencias económicas.

Los taxistas colaboran poco para que la ciudadanía se incline a favor del servicio que ofrecen. En vez de competir en calidad y precios, hacen exactamente lo contrario. Es más, empeoran su imagen con amedrentamientos a los muvers, agresiones verbales y hasta físicas en muchos casos. La semana pasada todos fuimos testigos de las frecuentes denuncias de ciudadanos en contra de los taxistas en este sentido. La cuestión se está poniendo peligrosa debido a que ni la municipalidad ni los órganos jurisdiccionales están tomando en serio esta reacción virulenta de los taxistas. Si no hay freno a los atropellos, estos agresores podrían confundir un día de estos un muver con un vehículo trasladando a su familia a cualquier lugar y hora.

En teoría, cada rodado que circula por las calles y rutas del país está legalmente habilitado para transportar personas y cargas según su capacidad, de acuerdo con las recomendaciones de seguridad. Esas licencias y habilitaciones, así como los controles, quedan a cargo de cada municipio e instituciones como la Policía Caminera, Dinatran, etc., etc. Entonces, es ridículo el argumento esgrimido por los taxistas de que los muvers son ilegales.

Es más, miles y miles de camioncitos, camionetas, motos, motocarros, etc., que ingresan a Gran Asunción todos los días, provenientes de las ciudades “dormitorios”, están repletos de familiares, amigos, vecinos y/o desconocidos. Muchos suben a esos vehículos diariamente para ahorrarse unos guaraníes. ¿Cuál es la ley que prohíbe invitar a una persona –conocida o desconocida– a trasladarla hasta un punto determinado o aceptar dinero en concepto de “contribución” como agradecimiento? No es mi caso, pero sé de muchísimas personas que así se mueven, inclusive para ir al trabajo y volver a la casa todos los días.

Ya lo dije, pero insisto en que esa vieja modalidad del taxi convencional que conocimos de pequeños, y a la que unos pocos tienen todavía cariño, está quedando caduca y obsoleta. Por imperio de las nuevas tecnologías, el sistema de transporte para el traslado de personas está cambiando radicalmente y posiblemente será así para siempre: MUV es el ejemplo. Los prestadores de servicios y usuarios que no se ajusten a esta nueva manera de convivencia van a ser marginales, que es lo que tienen que entender los taxistas. Si así no lo hacen, van a terminar de todas maneras por la fuerza, absorbidos por la nueva era.