No tiene límites. Su amplitud se dibuja en la creación de las ideas que nacen en el conglomerado de pensamientos que las sostienen. La abundancia de las posibilidades por vivir encuentra su mejor aliado en el fomento de las intenciones que estimulan el entusiasmo de estar vivo. Por lo tanto, es uno mismo el que debe sumergir su atención hacia lo que constantemente trae al plano consciente. Y al hacerlo descubrir qué amanece diariamente en el imperio interior. Es notable la conexión que existe entre lo que se piensa y la conducta que lo manifiesta.

Donde fluye la autenticidad que se posee hay espacio suficiente para crecer. Por eso es relevante pregonar y realizar lo que incentiva la esencia de uno, dado que activa el caudal de lo aprendido y se esmera en volver a experimentar, ocasionando nuevos puntos de referencia que permitirán seguir progresando. Así toda convicción puede evolucionar. De manera que, las razones para desplegar lo que se sabe hacer necesitan ser cultivadas.

El entendimiento es la facultad de la mente que permite entender, razonar, tomar decisiones y formarse una idea determinada. También se lo conceptualiza como la capacidad de pensar y obrar con buen juicio, prudencia, reflexión, sensatez y responsabilidad. La secuencia expuesta en las acepciones enunciadas representa el núcleo original desde el cual se engendra el camino del bienestar.

Para entender hay que percibir y para ello es determinante utilizar los sentidos. Luego, podrán surgir apreciaciones basadas en similares vivencias anteriores o surgirán juicios auténticos producto del nuevo relacionamiento entre los hechos percibidos y las ideas acaecidas. Es factible, en cada caso, la opción de orientar la formación de criterios hacia lo que habilite el desarrollo de la persona. Y esa es una decisión individual, única y trascendente, que se manifiesta tantas veces como se disponga a ser aplicada. Allí igualmente se expresa la libertad.

El ingenio hace lo suyo cuando está dirigido a horizontes que alientan la unión de los componentes que favorecen su presencia, por eso la imaginación se regocija cuando hay conocimientos y medios para que se deleite. La inteligencia pertenece a la humanidad. Su condición innata habilita a cada ser a poder darle su impronta durante el devenir de su existencia. Esa dación de sí mismo se realizará y crecerá junto a los demás; en el convivir conocerá la tierra de las realidades, por tal motivo es vital la comprensión y la contención al otro.

En los testimonios se dimensiona la apertura destinada al bien común, permitiendo así que cada ser humano pueda ser protagonista en la construcción del crecimiento colectivo.