• Por Augusto Dos Santos
  • Analista
  • @augusto2s

Si bien ha sido una talentosa iniciativa privada –que indudablemente se localiza como una exitosa estrategia de la más tradicional cervecera del mercado para tratar de pelear contra un momento empantanado de nuestra economía–, los publicistas del Gobierno se prendieron de la idea como un crustáceo al casco del barco.

Probablemente (a falta de pan) podríamos forzar la idea de que el abaratamiento de la cerveza ha sido la “obra pública” más popular radicada durante el primer año del gobierno de Marito y sin que el gobierno de Marito tuviera participación alguna en tal iniciativa.

Lo que llama la atención es que un mes antes del fin del primer año de gestión, el Gobierno ha apostado en gestos de popularidad lo que no pudo en gestión y ha lanzado diversos esfuerzos, como este que mencionamos para “pegarse” a una poderosa estrategia comercial de una cervecera, hasta tal punto que la propia ministra de Industria consigue sentarse en la mesa de la empresa a la hora del anuncio (aun en medio de una horrible crisis de “omisión de auxilio” a las empresas maquiladoras de autopartes).

Sea como fuese, relacionar a Marito con este fantástico gol de una cervecera ha sido –por parte de los estrategas del Gobierno– un salvavidas de espuma, oportuno y también bien jugado porque más de uno en verdad terminará pensando que bajar el precio de la cerveza “Marito lo hizo”.

Popularidad es affaire d'État

En este comentario en vísperas del primer año tendríamos que estar valorando las obras públicas o la salud o la educación del primer año. No pudimos, disculpen, por ausencia de elementos, de hechos (o por la lluvia), pero sí debemos apreciar como curiosamente exitosa esta operación de popularidad del Gobierno (a costillas de la iniciativa privada) porque es de un oportunismo digno de encomio y porque si bien el Gobierno no tenía casi nada que mostrar en la estantería de gestión, hoy muestra que en su primer año sí bajó el precio de la cerveza. Fabuloso. La popularidad de un presidente es un asunto de Estado, salvarla es una misión de Estado, por lo tanto hay que reconocer el esfuerzo.

Se vieron también esfuerzos menores, pero no menos llamativos, por subsidiar la no gestión con operaciones de color empático; un poco más atrás en el tiempo podemos recordar la historia del club de fútbol indígena y este fin de semana nomás la pelea en el penal de Tacumbú. Estos son típicos casos de operaciones de popularidad del Gobierno, en este último caso financiado con dinero de Petropar.

A falta de pan, buenos son los artificios

La publicidad y la comunicación de gobierno forman parte integral de la gestión. Su misión es grave: sostener el balance vital de la popularidad presidencial en niveles razonables, entre otras tareas. Sabemos que la popularidad de un presidente, a su vez, es el insumo básico con el que se amasa la torta de la gobernabilidad.

La ausencia de logros (como la bochornosa quietud en la construcción de viviendas populares o la irritante ausencia de obra pública o la dormida de ministros en el caso maquiladoras) es un problema que el Gobierno no podrá solucionar para el 15 de agosto. Probablemente, el Presidente llevará a los vestuarios a sus actuales jugadores, les aplicará un buen champú y estimamos que cambiará a algunos para que el segundo año sea más productivo.

Ínterin todo ello, sucede que la comunicación tiene la heroica misión de trabajar la producción de sentidos de los ciudadanos. Nadie sabe cuánto cambiará el relato, pero de que hay laburo, hay laburo en este orden.

Por lo menos maquillar el yacaré

Hay un chiste clásico de paraguayo, argentino, brasileño y norteamericano que participan de un certamen de cuál tiene el perro más feroz. Una vez que todas las nacionalidades traen sus gigantescos mastines, llega “el paraguayito” con un perrito alargado y flaco, pero que se devora al resto de los perros de un saque. Al volver de la prueba, los amigos del paraguayito le dicen “felicitaciones, qué bien le adiestraste a tu perro!”, a lo que nuestro gallo responde: “Mba’e adiestraste pio, a quien hay que felicitar es al tipo que me maquilló el yacaré”.

Eso. Si no hay mucho que mostrar, pues lo que queda es maquillar el yacaré.