• Por Ricardo Rivas
  • Corresponsal en Argentina

En Argentina se inicia la campaña electoral. Las presidenciales serán el 27 de octubre. El 11 de agosto se disputarán las primarias abiertas simultáneas y obligatorias (PASO). Instancia tan legal como absurda. Para las categorías más relevantes, no hay misterios ni suspensos.

Los candidatos fueron decididos a dedo. Mauricio Macri irá por su reelección, acompañado por el peronista Miguel Pichetto en el frente Juntos por el Cambio. Su rival con mayores posibilidades es el Frente de Todos, con el dueto integrado por Alberto Fernández y la senadora Cristina Fernández –presidenta entre el 2007 y el 2015–, en tanto que, muy alejado y solo con alguna expectativa en el caso de un eventual balotaje a celebrarse el 24 de noviembre, se anota el ex ministro de Economía Roberto Lavagna, acompañado del gobernador de la provincia de Salta, Juan Manuel Urtubey, con el frente Consenso Federal.

Hasta aquí las derechas con peronistas en todas las fórmulas. Las izquierdas, por su parte, con bajas posibilidades pero con el objetivo de incorporar legisladores en todos los niveles parlamentarios, concurrirán a las urnas con propuestas revolucionarias y decimonónicas.

¿Qué se avizora novedoso en la etapa que se inicia? Muy poco. Solo los inevitables movimientos tácticos que, como la breve luz de los fósforos, durarán casi nada. Los temas profundos, hasta ahora, no aparecen en la agenda pública.

Lo nuevo es que la contienda electoral, mayoritariamente, se desarrollará en las redes. Los espacios gratuitos en los medios tradicionales que la ley electoral concede a los partidos políticos se redujeron sustancialmente sin que se escuchen voces de protesta. Operar en las redes “por facilidades de la tecnología será bastante más barato que en elecciones anteriores”, sostiene el analista Francisco Olivera en el diario La Nación de Buenos Aires. En este punto, el oficialismo aventaja a sus opositores. Desde mucho tiempo, cuando los acompañantes de Macri se autodenominaban y proponían como Cambiemos, aplican para hacer política las técnicas de lo que se conoce como marketing 4.0.

El consultor Ricardo Rouvier, de cercanía profesional con el Frente de Todos, en diálogo con este corresponsal, ratifica que “la batalla principal pasará por las redes” y enfatiza, con gesto de inevitable tristeza, que “todo hace pensar que habrá noticias falsas y agachadas varias”. Advierte, sin embargo, que cuando analiza sus encuestas, percibe “bastante negatividad en la composición del voto” y explica que “se vota contra tal o cual y ese comportamiento electoral es el alma de la polarización”.

En lo coyuntural, la casi totalidad de los estudios de opinión –encargados por oficialistas y opositores– que aquí circulan, insisten en que el presidente Macri será derrotado en las PASO, pero esas compulsas también señalan que, en los últimos días, se acorta la distancia que le lleva el Frente con Todos, cuando se mensura la intención de voto. Unos 40 días atrás ese indicador marcaba 11 puntos de ventaja en favor de Fernández y Fernández, hoy estaría en torno de 5 unidades porcentuales. Unos 2,5 millones de votantes que, también según las encuestas, aún no se definen por unos u otros son el mercado electoral al que todos apuntan.

Con el anuncio del acuerdo Mercosur-UE –que no es un logro local, sino regional, alcanzado en 20 años por 21 presidentes de Paraguay, Brasil, Uruguay y Argentina– el gobierno recuperó terreno al igual que con la evolución positiva de los indicadores macroeconómicos. Dólar, tasas, inflación, crecimiento, riesgo país y superávit primario mejoran. Inimaginable unos pocos días atrás. Cortoplacismo cultural. Como en el turf, final de bandera verde.