- Por Dany Fleitas
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En su reciente primer informe de gestión al Congreso Nacional, el presidente Mario Abdo Benítez habló con propiedad de algunas acciones como conquistas de gestión en casi un año al frente del Ejecutivo, pero se cuidó bastante bien de no hacer referencia sobre los resultados de su lucha contra la corrupción administrativa, quizá por el peso de la conciencia de saber que su entorno –salpicado por graves denuncias– quedó eclipsado y sin brillo precisamente por falta de “luz”. Ese silencio fue en realidad un gran mea culpa.
El jefe de Estado no solo no pudo hablar con propiedad de un combate sin igual contra la corrupción como cuando se refirió al crimen organizado, del que tanto se jacta, sino que tampoco dedicó tiempo y esfuerzo para referirse a una gestión de transparencia. Es decir, la lucha contra la corrupción y la transparencia no formaron parte de su léxico en este primer informe presentado al Poder Legislativo sencillamente porque no fueron ejes centrales de su administración.
Es triste porque Paraguay se encuentra en un punto crucial de su desarrollo democrático en que más que nunca requiere de autoridades con coraje para destituir a subalternos ante la más mínima denuncia de corrupción y con la voluntad inagotable de transparentar los números de todas las instituciones y en todos sus niveles.
En los tiempos en que vivimos, en que la ciudadanía ejerce presión, participa activamente en política vía redes sociales y se autoconvoca para manifestarse, el Presidente no puede pegarse el lujo de tener en su entorno a colaboradores en puestos clave denunciados por hechos de corrupción.
Lo mínimo que se puede esperar hoy de su gobierno es que las instituciones del Estado, sin excepción, pongan a disposición de los paraguayos y del mundo toda la información sobre la ejecución de recursos económicos, así como las documentaciones de los procesos de licitaciones públicas. Además, debe llevar a cabo concursos de oposición serios para la contratación de personal público y prohibir el nepotismo en los ministerios, algo tan reiterativo en este período inicial.
Otra cuestión sensible que el Presidente mencionó muy superficialmente como un logro de su gestión es el inicio del Programa de Apoyo a la Agenda Digital, sin entrar en muchos detalles, seguramente para no polemizar más sobre un emprendimiento ya de por sí muy cuestionado, precisamente por su falta de transparencia. Esto un ejemplo “palpable” de lo que estoy diciendo. En el documento impreso de apoyo distribuido el 1 de julio a los legisladores y la prensa, este ítem es mencionado como un gran avance, pero el proyecto adolece de serias falencias desde el vamos.
El Programa de Apoyo a la Agenda Digital no es un punto menor, ya que se trata justamente de una iniciativa que permitirá al Gobierno contar con las herramientas necesarias para fortalecer procesos de transparencia en la gestión pública. Pero, ¡oh paradoja!, el Ejecutivo se cierra a dar información sobre el proyecto.
Lo más simpático es que el préstamo de US$ 130 millones del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) para la Agenda Digital será pagado por todos nosotros, en ¡24 largos años! Es decir, el Ministerio de Tecnologías de la Información y la Comunicación (Mitic), responsable de su ejecución, no es del todo transparente con un proyecto que será pagado por todo el pueblo paraguayo.
La preocupación nace de las sospechas del uso de los recursos, pues se prevén gastos solo por consultorías de US$ 45 millones. Además se abonarán US$ 20 millones en concepto de obras; US$ 36 millones en concepto de bienes y servicios no consultoría; para capacitación serán destinados US$ 2.687.000 y para otros gastos US$ 25.588.608, totalizando así US$ 130.000.000.
En el marco de este proyecto de Agenda Digital, también existen planes para que la Comisión Nacional de Telecomunicaciones (Conatel) se involucre directamente en el desarrollo del Internet de las Cosas (loT), big data, ciberseguridad y un satélite propio. Sin embargo, todo se maneja con absoluta discreción y a espaldas de los intereses ciudadanos.
El Gobierno debe rectificar rumbos y debe entender que la gente hoy día lo que más demanda es información. Las autoridades no deben cansarse en proporcionar constantemente las explicaciones técnicas y financieras referidas a emprendimientos que involucran el dinero público.

