• Por Felipe Goroso S.
  • Twitter: @FelipeGoroso

El artículo 238, Inc. 8 de la Constitución Nacional plantea lo siguiente: “Son deberes y atribuciones de quien ejerce la Presidencia de la República: ... 8) Dar cuenta al Congreso, al inicio de cada período anual de sesiones, de las gestiones realizadas por el Poder Ejecutivo, así como informar de la situación general de la República y de los planes para el futuro”.

Con ese marco referencial fuimos testigos del primer informe de gestión del presidente de la República, Mario Abdo Benítez. Como en esta columna se intenta (no siempre se logra) explicar el contexto de ciertos hechos políticos desde la Comunicación Política me permitiré algunas consideraciones que espero les aporten mayor claridad sobre lo que vimos el lunes en la Sala Bicameral del Congreso Nacional.

Vimos un discurso absolutamente lineal, sin usar el recurso de jugar con el tono y los altibajos, lo que le hubiese permitido por la vía del énfasis manejar mejor a la audiencia (la primaria, que eran los congresistas y la gran audiencia, integrada por todos aquellos que estaban siguiendo el discurso por televisión, radio y redes sociales).

Si uno suma toda la extensión del mensaje presidencial puede verse que entre un 70% y un 80% el Presidente estuvo mirando al papel y con la cabeza gacha, pasamos más tiempo viendo el pelo del presidente que su rostro. Eso habla de que el mensaje se seguía redactando hasta últimas horas del día anterior (de hecho, en una parte al Presidente se le deslizó que ciertas partes se seguían cargando la noche anterior) lo que evidentemente impidió que se pueda leer, releer, memorizar la esencia del mensaje, ensayar, teatralizar (sí; los discursos no solo se leen, también se ensayan y teatralizan).

El permanente bamboleo que hacía con el cuerpo de izquierda a derecha son una muestra de nervios e incomodidad, algo llamativo, ya que el Presidente tiene bastante práctica en el arte de hablar en público. El hecho de inspirar o tomar aire con excesiva frecuencia es señal de agobio y de falta de práctica, ya que eso también se ensaya y se llegan a manejar los tiempos de respiración.

La banda presidencial estuvo a punto de caerse durante gran parte del mensaje, una cinta doble hubiese solucionado el asunto. De vuelta vimos que el saco del traje del Presidente tenía al menos dos medidas más grandes de la ideal, otra cuestión llamativa, ya que el físico del Presidente da para una versión más estilizada. Mala elección de la corbata, al tener detalles muy pequeños y repetitivos genera lo que se conoce como efecto moiré (o muaré), que hace que se genere como un pixelado en las pantallas de televisión.

Todos estos elementos (y varios otros que no menciono por falta de espacio) se vuelven elementos distractores de lo que debería ser lo principal: el presidente de la República y su mensaje, siempre hablando desde la Comunicación Política, y ustedes ya saben que la política, esa mala palabra que empieza con p y termina con a, debe primordialmente comunicar y con el menor nivel de interferencia posible. Ya no alcanza con informar.

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