• Por el Dr. Juan Carlos Zárate Lázaro
  • MBA

La cada vez mayor y veloz desaceleración económica que afecta a nuestra macro y microeconomía denota en nuestros importadores una gran preocupación, pues “la estantería se les está viniendo abajo”. Dada la cada vez mayor disminución de los niveles de ventas de empresas que operan en diversos segmentos de negocios, sumado a ello la desenfrenada carrera observada últimamente en la cotización del dólar en nuestro mercado de divisas, a pesar de haber observado en los últimos días signos aparentes de una mayor estabilidad resulta aún insuficiente.

A estos factores adversos y para “contribuir” a un mayor nivel de nerviosismo que acelera las pulsaciones cardiacas de nuestros empresarios importadores se le sumó la introducción masiva ilegal de una variedad de productos provenientes de Argentina y Brasil aprovechando la devaluación del peso y el real vs. el guaraní, haciendo que mucha gente “se tire” hacía ellos a fin de racionalizar su presupuesto de gastos, dada la cada vez más limitada capacidad adquisitiva de un segmento importante de nuestra población lo cual colateralmente también está afectando a muchas pérdidas de fuentes de empleo, factores que confluyen para que nuestros importadores con mucha razón puedan sentirse inquietos y preocupados.

Las últimas medidas adoptadas por el Gobierno orientadas a movimentar nuestra anémica economía en áreas claves como inversión en infraestructura y asistencia social a las clases más desprotegidas económicamente no creemos que puedan tener efectos positivos muy rápidamente, por lo que habrá “de armarse de paciencia” y esperar que acontece hacia fines de este año.

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También preocupa al sector empresarial el paquete de reforma tributaria que se presentó al Parlamento, y que de aprobarse no sería en el “momento más oportuno” pues se estarían juntando retracción económica, ventas en “terapia intensiva” y capacidad adquisitiva cada vez “más agresivas” a los escuálidos bolsillos de nuestra gente sumándose a toda esta “cadena de problemas” el que Brasil decidiera reducir los aranceles de muchos productos importados, ahondándose aún más nuestro nivel de estrés económico.

Uno de los sectores que estarían sintiendo con mayor rigor la fuerza de este muy perjudicial “tsunami económico-financiero” son los vendedores de electrodomésticos en general, pues las decisiones de compra vienen siendo retrasadas y postergadas hasta que las condiciones económicas a nivel país nos muestren “un cuadro en colores mucho más atractivo, pues ahora mismo todo está en blanco y negro”.

Las inversiones en obras de infraestructura encaradas por el Gobierno, que han sido históricamente los que mayor cantidad de mano de obra ocupan con un efecto multiplicador traslativo positivo hacia nuestra microeconomía, siguen “brillando por su ausencia”, tornando la situación más insostenible aun siendo la falta de capacidad de gestión una de nuestras principales “dolencias crónicas”.

Para dar el “golpe de gracia”, nuestro producto “estrella” de exportación (soja en grano) ha tenido en esta zafra una merma en cosecha de aproximadamente 2,4 millones de Tn, dejando de ingresar al flujo de divisas a nivel país aproximadamente US$ 700 millones, viéndose seriamente perjudicados en su gestión económica los importadores de tractores, cosechadoras e implementos agrícolas en general, cuyas compras de nuevas unidades también fueron pospuestos hasta que “soplen mejores vientos”.

La desaceleración cada vez más notoria de los niveles de consumo a nivel local impacta en forma directa en la sensible disminución de las ventas, haciendo que muchos importadores se vieran en la obligación de renovar sus préstamos tomados para financiar necesidades de capital de trabajo, trayendo aparejado todo esto un incremento en sus costos financieros y limitando aún más sus niveles de rentabilidad.

La ampliación de la base tributaria a nivel país sería aceptable para poder equilibrar un poco más la balanza de desigualdad que se observa, pero justo viene a darse en un momento no inoportuno, agravado con la cada vez más deficitaria calidad de nuestro gasto público, que sigue poniendo en jaque a nuestro muy maltratado PGN, debiendo el Gobierno enfocarse a full en hacer una reingeniería del actual PGN 2019 y ver la forma de racionalizar al máximo la millonada de plata que “se sigue erogando en salarios innecesarios a gente que no aporta nada positivo al desarrollo económico de nuestro país, sino solo a sus propios bolsillos. (Ejemplo: La inmensa cantidad de direcciones que fueron creadas en la Cámara de Diputados) y funcionarios de entes sin función específica que pululan por los pasillos de los entes por citar solo algunos.

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