• Dr. Juan Carlos Zárate Lázaro
  • MBA

Informes dado a conocer por la Dirección General de Estadística, Encuestas y Censos (DGEEC) señalan que en los últimos 5 años la cifra de personas ocupadas en puestos informales se incrementó en 206.000, con lo que globalmente a la fecha están trabajando en la total informalidad a nivel país más de 1.700.000 personas. (equivalente a más del 24% de nuestra población). En términos relativos, los niveles de informalidad se mantuvieron “prácticamente planchados”, pues en el 2013 ascendía al 64,2%, en tanto que en el 2018 (5 años después) se ubicó en un 64,3%.

Un detalle que llama la atención es la tasa de informalidad femenina que supera a la masculina, tanto en las áreas rurales como en las urbanas. Hasta el año pasado trabajaban en la informalidad el 66,8% de las mujeres en tanto que la población masculina ascendía al 62,3%.

Los que viven en las áreas rurales son las más afectadas a nivel país, dado que más del 74% residen en ellas, en tanto que un 61% en las áreas urbanas. Lo más preocupante y que debería ser “una luz roja” para nuestras autoridades es que son los jóvenes con edades que oscilan entre los 15 y 19 años, quienes en más del 90% están afectados por ocupaciones informales, elevándose dicha cifra en términos relativos nada menos que al 95% para aquellos que no poseen ningún año de estudio.

La DGEEC va mucho más allá con dicho análisis, señalando que es el sector de la construcción quien alberga a más del 85% de los que trabajan en la informalidad, ubicándose en el segundo lugar del podio los restaurantes y hoteles con más del 70%, y ni qué hablar de las empleadas domésticas en donde 9 de cada 10 personas ocupadas con edades superior a los 15 años trabajan en condiciones de total informalidad.

La economía informal representa el 38,6% del PIB. Si lo consideramos por tramos de ingresos, exceptuando al sector agrícola, más de 410 mil personas que trabajan en la informalidad perciben mensualmente menos de 1 salario mínimo mensual y más de 252 mil personas perciben entre 1 salario mínimo a menos de 1,5 salario mínimo por mes.

Todas estas cifras no son “puro invento” o meramente fantasiosas, sino que divulgadas por dicho ente técnico, que depende en forma directa de la Secretaría Técnica de Planificación (STP, dependiente de la Presidencia de la República).

Se estima que la actividad informal dentro de nuestro país mueve cada año más de US$: 11.700 millones de dólares, sin tributar absolutamente nada de impuesto al fisco, cifra astronómica, que si se llegare a formalizar por lo menos un 40% de “esa montaña” de empresas informales, otros hubieran sido los niveles de recaudación impositiva, que quizás podría haberlo hecho necesario ampliar selectivamente la base contributiva, sin “golpear” los muy maltratados bolsillos de nuestra gente.

Esta gran informalidad que nos corroe a nivel país está perjudicando tremendamente a miles de hombres y mujeres que ni tan siquiera tienen la esperanza poder acceder al salario mínimo legal y ni qué hablar de contar con un seguro social que los pudiera amparar en caso de enfermedad (como es el IPS) lo cual es lamentable.

Dentro del sector de las mipymes históricamente estuvieron concentradas el mayor porcentaje de actividades informales, y es aquí en donde se debe poner el máximo focus orientado a que más empresas de este porte ingresen al círculo de la formalidad que les hará mucho bien, pues podrán ingresar al mundo digital como lo pretende el MIC a promocionar sus actividades y así tener chances más ciertas de poder ser sujetos de crédito dentro del sistema financiero formal, pues hoy salvo honrosas excepciones son mínimas las empresas que puedan acceder a los mismos, debiendo a que muchas de ellas recurren a préstamos a tasas usurarias que minimizan sus posibilidades de ser rentables y competitivas.

Tendrán que formalizarse sí o sí y verán que el cumulo de beneficios que podrán obtener podría superar ampliamente a los costes, pues nadie podrá negar que una empresa que opera formalmente tendrá mayores chances de acceso a apoyo técnico, económico-financiero, logístico, marketing, lo cual les permitirá fortalecer sobremanera su estructura productiva-comercial a nivel país apuntando a mayores mercados objetivos y segmentar sus actividades coadyuvando así de forma positiva con las empresas de tamaño corporativo, quienes no desean explotarlos debido al tamaño de su estructura organizacional.

Es uno de los mayores desafíos que tiene este gobierno. Revertir lo que en décadas nadie ha podido darle una solución sólida y sustentable en el tiempo a algo que será bienvenida y agradecida por muchísima gente que vive “explotada laboralmente” por imperio de la extrema necesidad.