• Dr. Juan Carlos Zárate Lázaro
  • MBA

La zafra sojera 2018/2019 ha sido lamentablemente negativa, lo cual derivó en una cosecha inferior a nivel nacional de aproximadamente 2,4 millones de toneladas vs. el 2018, lo que privaría a los agroexportadores de un ingreso menor en aproximadamente US$ 1.200 millones, al flujo de nuestro mercado de divisas, y también el fisco se verá sensiblemente afectado, pues esta situación adversa les privaría de ingresos en concepto de tributos no menor a US$ 135 millones.

En efecto, para este año se estima una cosecha a nivel país de un poco más de 7,8 millones de toneladas vs. aproximadamente 10,3 millones de toneladas de la zafra 2018.

A lo apuntado precedentemente se debe agregar la extrema volatilidad observada en los precios de los commodities en el mercado internacional, siendo el de la soja en grano la más baja observada en los últimos 11 años, según fuentes de la Unión de Gremios de la Producción (UGP), a lo cual también se sumó que los rindes promedios por Há estuvieran muy deprimidos vs. lo que ha sido la zafra anterior, no llegando tan siquiera al punto de equilibrio para la cobertura de costos y gastos en muchas parcelas de cultivo.

Factores incontrolables como los que se dieron este año (clima adverso caracterizado por períodos de sequías y abundantes lluvias) y con el “golpe de gracia” de los bajos precios, han hecho que muchos productores decidirán muy probablemente reducir las extensiones de cultivo de trigo que históricamente son aprovechados en función a los excedentes derivados de la cosecha sojera.

Este año muchos de ellos con buen criterio han preferido ir amortizando sus deudas pendientes con el sistema financiero, de tal forma a que puedan de nuevo en los próximos meses ser sujetos de crédito para la financiación de la prezafra 2019/2020, pues el negocio debe continuar y los bancos también deben mantener sus fuentes de repago.

Para nuestro país ha sido un “golpe bajo al hígado”, pues bien sabemos que se trata de “nuestro producto estrella” de exportación y principal fuente generadora de divisas a nivel país, lo cual ha presionado a que la cotización del dólar observara incrementos dada los menores niveles de oferta que se dieron a nivel local por parte de los agroexportadores.

En créditos hay un axioma que dice claramente “riesgo cero no existe”, y de ello las entidades financieras están debidamente concienciadas, razón por la que muchas de ellas ya han “calentado motores” para poder ir analizando y evaluando a través de sus departamento de riesgos crediticios la situación puntual de cada uno de los clientes que se han visto afectados por esta coyuntura desfavorable, y en base a ello determinar si lo más conveniente sería renovar, refinanciar y/o reestructurar sus deudas, “echando mano” a la cartera RRR que el BCP ha definido justamente para estos casos específicos de situaciones negativas para los prestatarios que operen en diversos segmentos de negocios.

Nuestro sistema financiero actual está muy desarrollado, siendo una de sus principales virtudes el estar reinventándose casi permanentemente, pues casi todas ellas cuentan con RRHH capaces y con experiencia que puedan ir desarrollando los diversos planes estratégicos de acción que los tienen previsto para diferentes escenarios a nivel macro y microeconómico que se nos puedan presentar.

No quisiéramos dejar de mencionar que en la zafra 2018 nuestro principal comprador de soja en grano ha sido nuevamente la Argentina, absorbiendo no menos del 65% de nuestras ventas externas de la oleaginosa.

Lo más probable es que nuestro vecino del sur, que anualmente posee una muy buena producción de soja en grano, utilice nuestro grano para darle valor agregado, industrializándolos y convirtiéndolos a producto terminado, con lo cual automáticamente ya escapan “al cuco” de ser un producto commoditie, y con la posibilidad potencial de obtener precios de ventas mucho más remunerativos, lo cual también nosotros deberíamos de emular, dado que contamos con varias empresas procesadoras con tecnología de punta y muy buena capacidad instalada.

No podemos “eternamente” seguir siendo exportador de cereales en estado natural. Tenemos que mirar a la industrialización de nuestros productos como una de las principales fuentes de incrementar los niveles de ingresos de divisas a nivel país, con lo cual en forma colateral también los productores primarios podrían verse beneficiados a través de la venta de sus granos a mejores precios y extensivo tanto la cadena de producción como de comercialización.

Tenemos que diversificarnos más y más y ver todas las formulas/alternativas que nos permitan en momentos de coyuntura desfavorable hacer que lo producido por nuestras tierras de cultivo nos pueda dar mayores rendimientos e ingresos económicos.