Aunque hayan tomado de sorpresa a algunos observadores políticos, politólogos, comunicólogos, analistas y hasta a algunos profesionales de la prensa, las declaraciones del presidente de la República fueron bastante agudas y certeras para definir la semana política que se fue y, en cierta medida, anticipar la semana política que se viene, semanas políticas peliagudas por cierto, que han destapado y, todo indica, van a seguir destapando ciertos maridajes, no precisamente de vinos en rueda de catadores, sino de aveniencias y desavenencias político-económico maritales, entre sectores que generalmente están en pugna o al menos en aparentes pugilatos que se destaparon de una todos contra todos.
Comencemos por la frase más contundente y elocuente, remontándose a las últimas escaramuzas guerreras que se han desatado en las semanas previas, Y cabría ampliar, las “escaramuchas” que se vienen entre el Ejecutivo y Legislativo, en ese arte del ajedrez que consiste en ir devorando peones, caballos… torres… hasta terminar dándole jaque al rey.
La frase capital fue multisignificante: No nos van a presionar con tres ni cuatro tapas. Se refería al pasado recientísimo, en que fácilmente un sector político-mediático, logró tirar al basurero y salvar del basurero, casi al mismo tiempo, a un peón del oficialismo, y salvar al mismo tiempo, casi en simultáneo, a un peón de la oposición.
Sin duda, la guerra estaba declarada.
No me atrevería a decir si fue en coincidencia, casualidad o que el diablo, o los diablos, como se suele decir, metió la cola, pero el caso fue coincidente, casi casi, con el destape de un supuesto chantaje que involucraba a un diario fabricante de tapas, tres o cuatro al hilo e incluso más, de acuerdo al volumen de la víctima. como dijo el Presidente. Aunque hay que decir, que, como suele suceder con todo mal ejemplo, desde tiempos inmemoriales, sin necesidad de “redes” se viraliza como la peste, apuntando, sin lugar a dudas, contra un senador oficialista contra el que los “contreras” ya tenían preparada su artillería.
Tal es el caso; el comienzo del ovillo apareció en el IPS, donde, al parecer el ministro de Hacienda y hermano del Presidente ejerce influencia, así como termina en tiroteo entre el medio en cuestión y el empresariado. En fin, demasiado lío para que haya lugar para los santos inocentes.
El caso es que la declaración explícita del Presidente contra la especulación mediática no fue causal y al boleo, sino bien dirigida y al grano. Las dos tapas de referencia apuntaban, casualmente a un senador oficialista. Y por si fuera poco al hermano del Presidente. En un enredo en que no se sabe quién pagó ni el final destino del beneficio, ni siquiera para el periodista en cuestión, para la agencia intermediaria… para la empresa involucrada…
Hasta hoy nadie puede precisar a ciencia cierta si quién es el chantajeador o el chantajeado, ni siquiera la suma, cuyo monto varía, ni siquiera mucho menos, el monto de la “operación”. Lo que está bien claro, así como apuntan las tapas, es que quiere darse jaque a uno de los peones del oficialismo.
Lamento no poder adelantar el final, por incierto, porque el canibalismo legis-político está desatado. Hasta el rey, que en el tablero suele jugar a la defensiva, para evitar desgastes, está en pie de guerra. Ese fue el mensaje, a mi modesto entender.

