Cuando a finales de abril pasado el Banco Central del Paraguay (BCP) nos presentó su proyección de crecimiento para el 2019 con una estimación de avance del 3,2% (después de 3,7% en el 2018 y 5% en el 2017), manejaba para Brasil lo que el Fondo Monetario Internacional (FMI) proyectaba: 2,1% de crecimiento económico (después del 1,1% en los dos años anteriores 2017-18). Ya se había dejado atrás a nivel mundial, regional y brasileño el inicial y esperanzador pronóstico de un crecimiento del 2,5%. El gobierno de Jair Bolsonaro no estaba funcionando como casi todos esperaban, por un lado; y por el otro, la economía mundial emitía fuertes señales de desaceleración, lo que también afecta a la octava economía mundial.

Pero en el mismo momento en el que el FMI ajustaba sus cálculos sobre la marcha de la economía brasileña, bastante tardíamente, ya en Brasil varias instituciones financieras “hablaban” de un crecimiento de solo el 1,5% (la mayoría) y el 1,4% y el 1,3% (la minoría). En pocas semanas, la mayoría se fue sumando a la minoría y coincidían en rebajar aún más lo que sería finalmente el crecimiento económico de Brasil este año y apareció el 1% de Itaú Brasil. Pero algunos bancos internacionales y consultoras de prestigio mundial fueron más duros y ya en sus informes señalan que finalmente el crecimiento de Brasil sería del 0,8% en el 2019. ¿Cómo fue posible dejar atrás el bonito 2,5% y achicar el ritmo de crecimiento a solo 1% o 0,8%? Es la espantosa historia económica del Brasil desde el 2014: las buenas promesas terminan transformándose en años oscuros con una potencia gateando cada vez peor.

Y el Brasil, que gatea cada vez peor, nos perjudica enormemente. Si nuestro Banco Central tenía al Brasil con un crecimiento del 2,1% cuando nos dijo que creceríamos este año un estimado 3,2% con la apuesta de un segundo semestre mejor, me pregunto ¿cuánto del 3,2% hay que retocar con un Brasil gateando 1% e incluso con la posibilidad de cálculos más desfavorables? El comercio fronterizo con Brasil pasa por uno de sus peores momentos, y significa menos comercio, menos ventas, menos reexportación, menos ingresos de dólares, menos importación para reexportar, menos recaudación de impuestos, más presión sobre la cotización del dólar, desaceleración de las exportaciones de maquila, menos inversión brasileña, con un costo social preocupante por cierre de tiendas, desempleo y pérdida de ingresos y poder adquisitivo en la gente. ¿3,2%? Ni soñando. Solo el gobierno. Sueña que aún no asumió. Duele decirlo, pero hay que decirlo.

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