Las intervenciones del ministro de la Senad, Arnaldo Giuzzio, en que fueron desmanteladas bandas criminales vinculadas al narcotráfico y sus derivados, es lo único que en estos nueve meses de gestión, el gobierno de Mario Abdo Benítez tiene para exhibir y vanagloriarse. En el resto está aplazado y con todas las señales de que va rumbo al fracaso, tal como estaba previsto.

Era obvio que al rodearse de hombres considerados escombros, reciclados y varios de ellos con pésimos antecedentes en el manejo de la cosa pública, el resultado sería catastrófico. Era imposible creer, por ejemplo, que quienes están hoy al frente de las binacionales hayan sido milagrosamente bendecidos con el manto de la honestidad o que decidan anteponer los intereses generales antes que los suyos como hombres con carga pública.

El resultado está a la vista y lo que es peor, se siente en el bolsillo de la gente por lo que la situación es preocupante.

La caída del general Benítez al frente del Detave hizo que los productos frutihortícolas que ingresaban de contrabando se frenen y se vino una disparada en el precio de estos productos. En el Mercado de Abasto cayeron las ventas de una manera considerable y mientras tanto tenemos un ministro de Agricultura casi ausente a la hora de impulsar políticas de incentivos a los productores nacionales, por lo que se tuvo que liberar la importación.

Una pizzería con 17 años de permanencia en el mercado anuncia que cerrará sus puertas ante la escasez de clientes. Los mozos de un coqueto y tradicional restaurante piden las propinas en efectivo y no cargarlas en las tarjetas de crédito porque sus patrones demoran en acreditarles.

La Secretaría de Defensa al Consumidor (Sedeco) corroboró que 25 productos de la canasta básica subieron sus precios. El viceministro de Empleos confirmó los 40 mil desempleados en la zona fronteriza, de este número el 50% corresponde al Alto Paraná. En su mayoría jóvenes y mujeres.

Una conocida cadena de supermercados que abre las 24 horas bajó los precios del vino importado casi en un 50% porque no tienen salida, es decir, poca venta.

Las dos principales centrales sindicales del país, la Corriente Sindical Clasista y la Central Unitaria de Trabajadores Auténtica, se pronuncian en contra de las medidas económicas del gobierno de Mario Abdo en lo que respecta a la suba del pasaje, el incremento del combustible y el aumento de los precios de la canasta básica que golpea a toda la clase trabajadora que sigue percibiendo un miserable salario mínimo. Naturalmente y con justa razón solicitan el aumento del salario mínimo que según sus cálculos debería subir G. 700 mil; es decir, llegar a G. 3 millones.

Este reclamo no cayó para nada bien en el sector empresarial, que por cierto ya asume la difícil situación por la desaceleración económica y en estas circunstancias hablar de aumento del salario les es imposible y se viene la amenaza directa de que se verán obligados a despedir gente.

Como si todo esto fuera poco, el Estado que es un actor determinante en la economía a través de las compras públicas, hoy casi promediando la mitad de año, hay ministros que ni siquiera llegaron al 10% de ejecución presupuestaria. El MOPC, institución clave para dinamizar la economía, se ha empantanado con un ministro tal vez honesto pero inútil y desde que asumió no llegó a licitar ni 10 obras.

El Presidente y su hermano ministro de Hacienda han lanzado la amenaza a estos ministros de que si para agosto no despegan serán rajados del cargo. La pregunta es por qué esperar agosto. Si en nueve meses no dieron resultados por qué lo harían en cinco meses.

Y como corolario, justo ante esta coyuntura, al gobierno se le ocurre remitir al Congreso un proyecto de reforma tributaria, que no es otra cosa que pretender cargar más impuestos, cuando no vemos ni una sola señal que apunte a mejorar la calidad del gasto público, sino todo lo contrario. Puedo estar equivocado, pero es lo que pienso.